-Es raro desayunar con Dumbledore en la misma mesa - Le susurró James a Lily quien asintió.
-Bien, ¿Empezamos a leer? - Preguntó Dumbledore, todos asintieron y se fueron a sentar a los sillones.-Señorita Evans, ¿Quiere leer? -la chica asintió y tomó el libro.
Capítulo II:
El vidrio desapareció
Cuando Lily abrió la boca para empezar a leer una nube violeta apareció en el medio de la Sala y todos instintivamente sacaron las varitas, la nube desapareció y en lugar de ella había una chica de unos 19 años.
-Bajen las varitas, soy una de las visitas del futuro que decía la nota - Aclaró la chica.
-¿Cómo sabemos que sos del futuro? - Preguntó James. La chica se acercó al oído de James y le dijo:
-Remus es un hombre lobo, Sirius, Peter y vos son animagos - le susurró la chica al oído.
-Si, es del futuro, o espía muy bien… - Dijo James poniendo una mano en el mentón haciendo que "pensaba"...
-Soy Hermione Granger, la mejor amiga de Harry, y miembro del trío de oro, soy hija de muggles - Dijo viendo la cara de confusión de todos - Y no digas nada Malfoy -Dijo Hermione con la varita en la mano -. Woo me dijeron que Harry era parecido a James, pero no pensé que iba a ser TAN parecido - Dijo Hermione viendo bien a James.
-¿Qué es el trío de oro? -Preguntó Remus curioso.
-Así nos dicen a Harry a mí y a Ron, que es el mejor amigo de Harry y mi novio.
-Decime que no es arrogante por favor - Dijo Lily.
-No, por suerte no - Dijo Hermione con una sonrisa.
-Bueno, ¿Leemos? - Preguntó el director, Hermione lo miró un segundo y Lily notó que se le cristalizaron los ojos, pero no dijo nada, se sentó y empezó a leer.
Pasaron aproximadamente diez años desde que los Dursley se despertaron y encontraron al sobrino en la puerta de entrada, pero Privet Drive no cambió para nada. El sol se elevaba en los mismos jardines pequeños e iluminaba el bronce del número cuatro en la puerta de los Dursley; avanzaba en su living, que era casi exactamente el mismo que el de esa noche cuando el señor Dursley vio las ominosas noticias sobre las lechuzas. Sólo las fotos en la repisa de la chimenea mostraban cuanto tiempo había pasado. Diez años antes había una cantidad de fotos de lo que parecía una gran pelota rosada con gorros de diferentes colores.
En la sala se escuchó una estruendosa carcajada.
-Mi ahijado si que sabe describir a la gente - Dijo Sirius aguantándose la risa.
-¿Y como sabes que es tu ahijado? - Le espetó Lily.
-Fácil, porque Cornamenta me prometió que si tenía un hijo varón yo iba a ser un padrino, y si tenía una nena iba a ser Lunático. - Contestó Sirius.
-Si para vos prometerte es que, me amenaces con contar algo, que no voy a decir, mientras estaba decabeza gracias a un levicorpus, si, te lo prometí - Dijo James.
-Hermione ¿Harry es mi ahijado? - Preguntó Sirius. Hermione asintió y Sirius sonrió satisfactoriamente.
Pero Dudley Dursley ya no era un bebé y ahora las fotos mostraban a un chico rubio y grande montando su primera bicicleta; en una calesita de feria; jugando con su padre en la computadora; besado y abrazado por su madre. En la habitación, no había señales de que viviera otro chico.
En la habitación se escuchó un gruñido de todos.
Sin embargo, Harry Potter estaba allí, durmiendo en ese momento, pero no por mucho tiempo. Su tía Petunia se había despertado y su voz chillona era el primer ruido del día.
-¡Arriba! ¡A levantarse! ¡Ahora!
Harry se despertó con un sobresalto. Su tía golpeó otra vez la puerta.
-¡Arriba! -chilló. Harry la oyó caminar hacia la cocina y luego el sonido del sartén sobre el fuego de la hornalla. El niño se dio vuelta y trató de recordar el sueño que había tenido. Era uno bueno. Había una motocicleta que volaba.
-¡Mi moto! ¿Cómo puede acordarse de eso? - Preguntó Sirius a Hermione.
-No se, pero tenía sueños peores - Dijo Hermione dejando a una intranquila Lily.
Tenía la extraña sensación de que había tenido ese sueño antes.
Su tía regreso a la puerta.
-¿Ya estas levantado? -quiso saber.
-Casi -respondió Harry.
-Bueno, apúrate, quiero que vigiles el tocino. Y no te atrevas a dejarlo quemar. Quiero todo perfecto en el cumpleaños de mi Duddy.
Harry gimió.
-¿Qué dijiste? -gritó furiosa del otro lado de la puerta.
-Nada, nada…
El cumpleaños de Dudley… ¿cómo pudo olvidarlo? Harry se levantó lentamente y comenzó a buscar sus medias. Encontró un par debajo de la cama y, después de sacar una araña de una de ellas, se la puso. Harry estaba acostumbrado a las arañas, porque en el armario, debajo de las escaleras, estaba lleno de ellas, y allí era donde dormía.
-¿¡QUÉ!? - Gritaron todos excepto Malfoy, Narcisa y Snape.
-¿¡Enserio dormía ahí!? - Preguntó Lily a Hermione gritando.
-Si, ese año creo que lo cambian al segundo cuarto del cerdo, digo Dudley. - Dijo Hermione.
-¿Tenía dos cuartos? - Preguntó Lily roja de furia, Hermione asintió, y James intentaba calmar a Lily sin mucho éxito.
-Hermione ¿Podrías leer? - Preguntó James. Hermione asintió y agarró el libro.
Cuando estuvo vestido bajó al hall, hasta la cocina. La mesa estaba casi cubierta de regalos de cumpleaños de Dudley. Parece que Dudley había conseguido la nueva computadora que quería, además del segundo televisor, y la bicicleta de carrera. Exactamente para que quería Dudley una bicicleta, era un misterio para Harry, ya que Dudley era muy gordo y detestaba el ejercicio, salvo, por supuesto, que eso significara golpear a alguien. La bolsa favorita de boxeo de Dudley, era Harry, pero no podía atraparlo muy seguido. Harry no parecía, pero era muy veloz.
Tal vez tenía que ver con el hecho de que viviera en un oscuro armario, pero Harry siempre había sido pequeño y muy flaco para su edad.
-Ah, no eso es genética - Dijo Sirius.
Incluso parecía más pequeño y enjuto de lo que realmente era, porque toda la ropa que usaba eran prendas viejas de Dudley
-Prométeme, que cuando podamos salir les vas a hacer la peor broma que hayas echo en tu vida - Le dijo Lily a James.
-Prometido.
Y su primo era cuatro veces más grande que él. Harry tenía un rostro delgado, rodillas huesudas, pelo negro y ojos verde brillantes.
-Tus ojos - Le dijo James con una sonrisa y le dio un beso.
Usaba anteojos redondos siempre pegados con cinta adhesiva, por las veces que Dudley le había pegado en la nariz.
-Tu ceguera- Dijo Lily con una sonrisa y le dio otro beso.
Lo único que a Harry le gustaba de su apariencia era esa pequeña cicatriz en la frente, con la forma de un rayo. Esa cicatriz existía desde que tenía memoria y lo primero que recordaba haberle preguntado a su tía Petunia era cómo se la había hecho.
-En el accidente automovilístico, donde tus padres murieron.
-¿¡Qué!? - Gritaron todos.
-Decime que no le dijo eso - Dijo Lily.
-Lamentablemente si - Dijo Hermione.
-Ah, no, ¡Yo la mato! - Gritó Lily mientras se paraba de golpe.
-Lily, ven, no podemos salir, después vemos que broma le hacemos, ahora tranquila - Decía James mientras la miraba directamente a los ojos y le dio un beso, Hermione mientras los veía se le cristalizaban los ojos ¿Por qué su amigo tuvo que pasar todo eso?
-Hey, Hermione ¿Por qué lloras? - Preguntó Sirius, que había visto que una lágrima silenciosa había caído por su mejilla, Sirius la abrazó y ella soltó más lágrimas.
-¿Por qué es tan injusta la vida? - Preguntó Hermione.
-No se, pero créeme que esa pregunta me la hice muchas veces - Dijo Sirius mientras se sentaba a su lado.
-Estoy viendo tanta gente que ya no esta - Decía Hermione mientras mas lagrimas caían por sus mejillas.
-¿Por qué lloras? -Preguntó Tonks que se había acercado.
-Por nada, tranquila - Dijo mientras le acariciaba la mejilla -Es tan raro verte así chiquita.
-Toma, Remus siempre dice que el chocolate hace bien - Dijo mientras le daba un pedazo de chocolate.
-Tiene mucha razón, gracias - Dijo, mientras comía un pedazo.
-Dora, anda con tu mamá, que yo ya voy - Le pidió Sirius. La niña le sonrió y se fue corriendo a donde estaba su mamá.
-Merlín, necesito que venga alguien mas - Dijo Hermione mientras se terminaba el chocolate.
-Ya se, que algunas cosas no las podes contar, pero yo te puedo escuchar - Se ofreció Sirius, Hermi le sonrió y le dio un abrazo.
-Te sorprenderían las cosas que van a pasar - Le susurró Hermione.- ¿Seguimos leyendo? -Todos asintieron, Hermi agarró el libro y empezó a leer.
Y no hagas preguntas.
No hagas preguntas, ésa era la primera regla para una vida tranquila con los Dursley.
Tío Vernon entró en la cocina cuando Harry estaba dando vuelta el tocino.
-¡Péinate! -ladró, como saludo matinal.
-Imposible -Dijeron James, Lily, Sirius, Remus y Hermione.
Una vez por semana, tío Vernon miraba por encima de su periódico y gritaba que Harry necesitaba un corte de pelo. A Harry le habían cortado el pelo mas veces que a los niños de su clase todos juntos, pero no había diferencia; su pelo simplemente crecía de esa manera, en todas direcciones.
Harry estaba friendo los huevos para cuando Dudley llegó a la cocina con su madre. Dudley se parecía mucho a tío Vernon. Tenía una cara grande, rosada, poco cuello, ojos pequeños y de un azul acuoso y pelo rubio y espeso que cubría su cabeza gorda.
James se empezó a reír a carcajadas y todos lo miraban interrogante.
-Me… imaginaba a un… cerdo con… peluca - Dijo entre risas, todos se empezaron a reír a fuerte carcajadas, en especial Hermione.
Tía Petunia decía a menudo que Dudley parecía un bebé ángel. Harry decía a menudo que Dudley parecía un cerdo con peluca.
Todos asombrados por las frases padre e hijo empezaron a reír a carcajadas.
Harry puso en la mesa los platos con huevos y tocino, lo que era difícil porque había poco espacio. Entretanto, Dudley contaba sus regalos. Se alargó su cara.
-Treinta y seis -dijo, mirando a su madre y a su padre -. Eso es dos menos que el año pasado.
-¿Treinta y seis? - Habló el pequeño Bill por primera vez.
-Querido, no contaste el regalo de tía Marge, ves, está debajo de este paquete grande de mami y papi.
-Muy bien, treinta y siete -dijo Dudley, poniéndose colorado.
-No - Dijo su madre firme.
-Pooooooooooooooooor favor - Dijo Dora haciendo puchero.
-No -volvió a decir su madre. Dora se bajó de sus piernas y se fue con Sirius.
Harry, que podía ver venir un gran berrinche de Dudley, comenzó a comer su tocino lo mas rápido posible, por si daba vuelta la mesa.
Tía Petunia sin duda también sintió el peligro, porque dijo rápidamente:
-Y vamos a comprarte dos regalos más cuando salgamos hoy. ¿Qué te parece, pichoncito?
Dora empezó reír.
-Ese de chiquito no tiene nada - Dijo aguantando la risa y haciendo que los demás empiecen a reír.
Dos regalos más. ¿Está todo bien?
Dudley pensó durante un momento. Parecía difícil trabajo. Por ultimo dijo lentamente:
-Entonces tendré treinta y… treinta y…
-Además de malcriado i…- Pero Dora no termino de decir la frase porque su tío le había tapado la boca.
-Treinta y nueve, dulzura -dijo tía Petunia.
-Oh. -Dudley se dejó caer pesadamente en su silla y tomó el regalo más cercano.- Entonces está bien.
Tío Vernon río entre dientes.
-El pequeño chiquillo quiere que le den lo que vale, igual que su padre. ¡Bravo, Dudley! -Revolvió el pelo de Dudley.
En ese momento, sonó el teléfono y tía Petunia fue a atender, mientras Harry y tío Vernon contemplaban a Dudley desenvolver la bicicleta de carrera, la cámara de video, un avión de control remoto, dieciséis juegos nuevos para la computadora y una reproductora de video.
En la Sala todos tenían una gran "O" en la boca.
Estaba rompiendo el envoltorio de una pulsera de oro, cuando tía Petunia regresó de hablar por teléfono, enojada y preocupada a la vez.
-Malas noticias, Vernon -dijo-. La señora Figg se fracturó una pierna. No puede cuidarlo.- Torció la cabeza en dirección a Harry.
La boca de Dudley se abrió con horror, pero el corazón de Harry dio un salto. Cada año, en el cumpleaños de Dudley, sus padres lo llevaban con un amigo a pasar el día, a un parque de diversiones, a comer hamburguesas o al cine. Cada año, Harry se quedaba con la señora Figg, una anciana loca que vivía a dos cuadras. Harry detestaba ir allí. Toda la casa olía a repollo y la señora Figg le hacía mirar las fotos de todos los gatos que había tenido.
A Hermione le dio un escalofrío al recordar el despacho de Umbridge.
-¿Y ahora qué hacemos? -preguntó tía Petunia, mirando furiosa a Harry como si el lo hubiera planeado todo. Harry sabía que debía sentir pena por la pierna de la señora Figg, pero no era fácil cuando recordaba que pasaría un año antes de tener que ver a Tibbles, Snowy, al señor Paws y a Tufty.
-Podemos llamar a Marge -sugirió tío Vernon.
-No seas tonto, Vernon; ella odia al chico.
-Y el a ella- Murmuro Hermione.
Los Dursley hablaban a menudo sobre Harry de esa manera, como si no estuviera allí, o más bien como si pensaran que él era muy tonto para comprenderlos, como un gusano.
-¿Y qué me dices de… como es su nombre, tu amiga, Yvonne?
-De vacaciones en Mallorca -respondió enojada tía Petunia.
-Pueden dejarme aquí -sugirió esperanzado Harry. Podría mirar lo que quisiera en televisión, para variar, y tal vez incluso hasta usar la computadora de Dudley.
-¿Y regresar y encontrar la casa en ruinas? -. Rezongó.
-No va a quemar la casa - Dijo James, y Hermione sonrió.
-No voy a quemar la casa -dijo Harry, pero no lo escucharon.
Algunas risas se escucharon en la sala.
-Supongo que podemos llevarlo al zoológico -dijo en voz baja tía petunia- …y dejarlo en el coche…
-Este coche es nuevo, el no se va a quedar allí solo…
Dudley comenzó a llorar a gritos. En realidad no lloraba, hacía años que no lloraba de verdad, pero sabía que si torcía la cara y gritaba, su madre le daba cualquier cosa que quisiera.
Lily empezó a derramar lágrimas silenciosas, James lo notó, se las sacó, la besó y la abrazó.
-Tranquila que todo eso no va a suceder -Le susurró James a Lily.
-Pequeño Dudley, no llores, mami no dejará que el te arruine tu día especial-gritó abrazándolo.
-¡Yo… no… quiero… que… él venga! -Aulló Dudley entre fingidos sollozos- ¡Siempre arruina todo! -Lanzó una mueca burlona para Harry, de entre los brazos de su madre.
Justo entonces sonó el timbre de la puerta.
-¡Oh, dios, ya están aquí! -dijo enloquecida tía Petunia, y un momento mas tarde, el mejor amigo de Dudley, Piers Polkiss, entró con su madre. Piers era un chico flacucho con cara de rata. Era el que habitualmente sostenía los brazos de los chicos detrás de la espalda, mientras Dudley les pegaba. Dudley suspendió su fingido llanto de inmediato.
Media hora mas tarde, Harry, quien no podía creer su suerte, estaba sentada en la parte detrás del auto de los Dursley, junto con Piers y Dudley, camino al zoológico por primera vez en su vida.
-¿Qué es un losogico? -Preguntó Sirius.
-Después te explico -Dijo Remus.
Sus tíos no habían podido pensar en otra cosa para él, pero antes de salir, tío Vernon llevó aparte a Harry.
-Te lo advierto -dijo, acercando su rostro grande y colorado al de Harry-. Te estoy avisando ahora, muchacho, cualquier cosa rara, lo que sea y te quedarás en el armario desde ahora hasta Navidad.
-Esas cosas "raras" en magia accidental, y Petunia lo sabe, ¡No puedo creer que le hagan eso! - Gritó Lily enfadada.
-No voy a hacer nada -prometió Harry-, de verdad…
Pero tío Vernon no le creía. Ninguno lo hacía.
El problema era que, a
menudo, ocurrían cosas extrañas cerca de Harry y no conseguía nada con decir a
los Dursley que él no las causaba.
-Magia accidental -Dijeron la
mayoría.
En una ocasión, tía Petunia,
cansada de que Harry volviera de la peluquería como si no hubiera ido, cogió
unas tijeras de la cocina y le cortó el pelo casi al rape, exceptuando el
flequillo, que le dejó << para ocultar la horrible cicatriz>>.
Dudley se rió como un tonto,
-No se ríe COMO un tonto porque
es un TONTO -Dijo Tonks, Sirius le sonrió y le dio un beso en la mejilla,
mientras que Meeda lo fulminaba con la mirada.
Burlándose de Harry, que pasó la noche sin
dormir imaginándose lo que pasaría en el colegio al día siguiente, donde ya se
reían de su ropa holgada y sus gafas remendadas. Sin embargo, a la mañana
siguiente, descubrió al levantarse que su pelo estaba exactamente igual que
antes de que su tía lo cortara. Como castigo lo encerraron una semana en la
alacena, aunque intentó decirles que no podía explicar cómo le había crecido
tan deprisa el pelo.
Otra vez, tía Petunia había
tratado de meterlo dentro de un repugnante jersey viejo de Dudley (marrón con
manchas anaranjadas). Cuanto más intentaba pasárselo por la cabeza, más pequeña
se volvía la prenda, hasta que finalmente le habría sentado como un guante a
una muñeca, pero no a Harry. Tía Petunia creyó que debía de haberse encogido al
lavarlo y, para su gran alivio, Harry no fue castigado.
Por otra parte, había tenido
un problema terrible cuando lo encontraron en el techo de la cocina del
colegio. El grupo de Dudley lo perseguía como de costumbre cuando, tanto para
sorpresa de Harry como de los demás se encontró sentado en la chimenea. Los
Dursley recibieron una carta amenazadora de la directora del colegio,
diciéndoles que Harry andaba trepando por los techos del colegio. Pero lo único
que trataba de hacer fue saltar los grandes cubos que estaban detrás de la
puerta de la cocina.
-Yo quiero saltar así -Dijo Sirius.
Harry suponía que el viento
lo había levantado en medio de su salto.
-Ni que fuera tan liviano- Dijo
Remus.
Pero aquel día nada iba a
salir mal. Incluso estaba bien pasar el día con Dudley y Piers si eso
significaba no tener que estar en el colegio, la alacena o en el salón de la
señora Figg, con su olor a repollo.
Mientras conducía, tío
Vernon se quejaba a tía Petunia. Le gustaba quejarse de muchas cosas. Harry, el
ayuntamiento, Harry, el banco y Harry eran algunos de sus temas favoritos.
Aquella mañana les tocó a los motoristas
-… haciendo ruido como locos,
esos jóvenes rufianes- dijo mientras una moto le adelantaba.
Sirius gruñó y frunció el ceño.
-Tuve un sueño sobre una
moto- dijo Harry recordando de pronto-. Estaba volando.
-Mala idea- Murmuraron Hermione y
Lily.
Tío Vernon casi choco con el
coche que iba delante del suyo. Se dio la vuelta en el asiento y gritó a Harry:
-¡LAS MOTOS NO VUELAN!
-La mía si vuela -Dijo Sirius
sacando la lengua, el resto rió por la actitud infantil del chico.
Su cara era como una
gigantesca remolacha con bigotes.
Todos empezaron a reír
nuevamente.
Dudley y Piers se rieron
disimuladamente
-Ya sé que no lo hacen- dijo
Harry-. Fue solo un sueño.
Pero deseó no haber dicho
nada. Si había algo que desagradaba a los Dursley aún más que las preguntas que
Harry hacía, era que hablara de cualquier cosa que se comportara de forma
indebida, no importa que fuera un sueño o un dibujo animado. Parecían pensar
que podía llegar a tener ideas peligrosas.
Era un sábado muy soleado y
el zoológico estaba repleto de familias. Los Dursley compraron a Dudley y a
Piers unos grandes helados de chocolate en la entrada, y luego, como la
sonriente señorita del puesto preguntó a Harry que quería antes de que pudieran
alejarse, le compraron un polo de limón, que era más barato. Aquello tampoco
estaba mal, pensó Harry, chupándolo mientras observaban a un gorila que se
rascaba la cabeza y se parecía notablemente a Dudley, salvo que no era rubio
Otra ronda de risas empezó en la
sala.
Fue la mejor mañana de Harry
en mucho tiempo. Tuvo cuidado de andar lejos de los Dursley, para que Dudley y
Piers, que comenzaban a aburrirse de los animales, no empezaran a practicar su
deporte favorito, que era pegarle a él. Comieron en el restaurante del
zoológico, y cuando Dudley tuvo una rabieta porque su bocadillo no era lo
suficiente grande, tío Vernon le compró otro y Harry tuvo permiso para terminar
el primero.
Más tarde, Harry pensó que
debía haber sabido que aquello era demasiado bueno para durar.
Varios, por no decir la mayoría,
fruncieron el ceño.
Después de comer fueron a
ver los reptiles.
-Serpientes -Dijo Sirius con
desagrado mirando de reojo a los Slytherin, excepto a Meeda, a ella la quería.
Estaba oscuro y hacía frío,
y había vidrieras iluminadas a lo largo de las paredes. Detrás de los vidrios,
toda clase de serpientes y lagartos se arrastraban y se deslizaban por las
piedras y los troncos. Dudley y Piers querían ver las gigantescas cobras
venenosas y las gruesas pitones que estrujaban a los hombres. Dudley encontró
rápidamente la serpiente más grande. Podía haber envuelto el coche de tío
Vernon y haberlo aplastado como si fuera una lata, pero en aquel momento no
parecía tener ganas. En realidad, estaba profundamente dormida.
Dudley permaneció con la
nariz apretada contra el vidrio, contemplando el brillo de su piel.
-Haz que se mueva-le exigió
a su padre.
Tío Vernon golpeó el vidrio,
pero la serpiente no se movió.
-Hazlo de nuevo- ordenó
Dudley
Tío Vernon golpeó con los
nudillos, pero el animal siguió dormitando.
-Esto es aburrido- se quejó
Dudley. Se alejó arrastrando los pies
Harry se movió frente al
vidrio y miró intensamente a la serpiente. Si él hubiera estado allí dentro,
sin duda se habría muerto de aburrimiento, sin ninguna compañía, salvo la de
gente estúpida golpeando el vidrio y molestando todo el día. Era peor que tener
por dormitorio una alacena donde la única visitante era tía Petunia, llamando a
la puerta para despertarlo: al menos, él podía recorrer el resto de la casa.
De pronto la serpiente abrió
sus ojillos, pequeños y brillantes como cuentas. Lenta, muy lentamente, levantó
la cabeza hasta que sus ojos estuvieron al nivel de los de Harry. Guiño un ojo.
-¡Ese es mi ahijado! -Gritó Sirius,
y todos se lo quedaron viendo interrogante- Seduce hasta serpiente- Todos
rieron y siguieron leyendo.
Harry la miró fijamente.
Luego echó rápidamente un vistazo alrededor, para ver si alguien lo observaba.
Nadie le prestaba atención. Miró nuevamente a la serpiente y también le guiñó
un ojo.
La serpiente torció la
cabeza hacia tío Vernon y Dudley, y luego levantó los ojos hacia el techo.
Dirigió a Harry una mirada que decía claramente:
-Me pasa esto
constantemente.
-Lo sé- murmuró Harry a
través del vidrio aunque no estaba seguro de que la serpiente pudiera oírlo-
Debe de ser realmente molesto. La serpiente asintió vigorosamente
-¿Esta hablando con una
serpiente? -Preguntó Remus.
-Si, Harry habla parsel- Explicó
Hermione.
-Pero… ¿Cómo? -Preguntó Lucius.
-Eso lo tiene que explicar Harry.-
Dijo Hermione y siguió leyendo.
-A propósito ¿de dónde
vienes?- preguntó Harry
La serpiente levantó la cola
hacia el pequeño cartel que había cerca del vidrio. Harry miró con curiosidad.
<Boa
Constrictor. Brasil.>
-¿Era bonito aquello?
La boa constrictor volvió a
señalar con la cola y Harry leyó: <Esta
espécimen fue criada en el zoológico>
-Oh, ya veo ¿Entonces nunca
has estado en Brasil?
Mientras la serpiente negaba
con la cabeza, un grito ensordecedor detrás de Harry los hizo saltar.
-¡DUDLEY! ¡SEÑOR DURSLEY!
¡VENGAN A VER A LA SERPIENTE! ¡NO VAN A CREER LO QUE ESTÁ HACIENDO!
Dudley se acercó
contoneándose, lo más rápido que pudo
-Quita de en medio- dijo,
golpeando a Harry en las costillas. Cogido por sorpresa, Harry cayó al suelo de
cemento. Lo que sucedió a continuación fue tan rápido que nadie supo cómo había
pasado: Piers y Dudley estaban inclinados cerca del vidrio, y al instante
siguiente saltaron hacia atrás aullando de terror.
Harry se incorporó y se
quedó boquiabierto el vidrio que cerraba el cubículo de la boa constrictor
había desaparecido. La descomunal serpiente se había desenrollado rápidamente y
en aquel momento se arrastraba por el suelo.
Las personas que estaban en
la casa de los reptiles gritaban y corrían hacia las salidas.
Mientras la serpiente se
deslizaba ante él, Harry habría podido jurar que una voz baja y silbante decía:
-Brasil, allá voy… Gracias,
amigo.
El encargado de los reptiles
se encontraba totalmente conmocionado.
-Pero… ¿Y el vidrio?-
repetía-. ¿Adónde ha ido el vidrio?
-Desapareció- Dijeron Bill,
Charlie y Tonks en tono misterioso, haciendo que los demás rieran.
El director del zoológico en
persona preparó una taza de té fuerte y dulce para tía Petunia, mientras se
disculpaba una y otra vez. Piers y Dudley no dejaban de quejarse. Por lo que
Harry había visto, la serpiente no había hecho más que darles un golpe juguetón
en los pies, pero cuando volvieron al asiento trasero del coche de tío Vernon,
Dudley les contó casi le había mordido en la pierna mientras Piers juraba que
había intentado estrangularlo. Pero lo peor, para Harry al menos, fue cuando
Piers se calmó y pudo decir:
-Harry le estaba hablando.
¿Verdad Harry?
Tío Vernon esperó hasta que
Piers se hubo marchado, antes de enfrentarse a Harry. Estaba tan enfadado que
casi no podía hablar.
-Ve… alacena… quédate… no hay comida- pudo
decir, antes de desplomarse en una silla. Tía Petunia tuvo que servirle una
copa de brandy.
-Termino -Aviso Hermione.
-Leamos otro y después comemos -Propuso Lily, los
demás asintieron y volvieron a abrir el libro.
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