viernes, 1 de marzo de 2013

Capitulo 8: El profesor de pociones



El llanto de Teddy se escuchó por toda la habitación, Ginny se despertó y fue a ver a su casi hijo, lo cargó y su cabello paso de rojo, por el llanto, a castaño igual a su padre.
-Sos hermosa –Le dijo Harry que se había despertado, sobresaltando a la pelirroja.
-¡Me asustaste! –Dijo ella golpeándolo, pero todavía cargando a Teddy.
-¿Vamos a desayunar? –Preguntó Harry dándole un beso, Ginny asintió y los tres se cambiaron, bah, Harry y Ginny cambiaron a Teddy.
Entraron al comedor y se sentaron con Ron, Hermione, George y Neville.
-Buenos días –Dijo la pareja.
-Buenos días –Contestaron los demás.
Se sentaron y empezaron a desayunar, cuando vieron que James y Lily entraban tomados de las manos, Remus y Alice charlando y detrás Sirius y Marlene también tomados de las manos.
Sirius le guiño un ojo a Ginny que ella le contestó con una sonrisa.
-¿Y eso? –Preguntó en un susurro Harry a su novia.
-Después te explico –Contestó ella.
Siguieron desayunando entre bromas de George y los Merodeadores esperando a los invitados.
-No había visto a George tan animado desde hace mucho –Le susurró Hermione a Ron que asintió con pesadez, entonces Hermione le dio un beso.
-¿Y de quien es hijo Teddy? –Preguntó Remus, Harry se atragantó mientras que los chicos del futuro sonreían.
-Van a tener que adivinar –Dijo Ginny salvando a su novio de un tartamudeo que podría revelar información.
Cuando los invitados llegaron McGonagall tomó el libro para leer, espero a ver si venía alguien, pero como la nube violeta no apareció empezó.
Capítulo 8: El profesor de pociones.
En el comedor se escucharon gruñidos, pero es especial de los Merodeadores.
—Allí, mira.
— ¿Dónde?
—Al lado del chico alto y pelirrojo.
— ¿El de gafas?
— ¿Has visto su cara?
— ¿Has visto su cicatriz?
Harry bufó molesto y sus amigos lo veían con una sonrisa divertida.
Los murmullos siguieron a Harry desde el momento en que, al día siguiente, salió del dormitorio. Los alumnos que esperaban fuera de las aulas se ponían de puntillas para mirarlo, o se daban la vuelta en los pasillos, observándolo con atención. Harry deseaba que no lo hicieran, porque intentaba concentrarse para encontrar el camino de su clase.
En Hogwarts había 142 escaleras, algunas amplias y despejadas, otras estrechas y destartaladas.
-¿Las contaste? –Preguntaron muchos.
-Historia de Hogwarts –Contestó Harry mirando a Hermione que se sonrojo.
Algunas llevaban a un lugar diferente los viernes. Otras tenían un escalón que desaparecía a mitad de camino y había que recordarlo para saltar.
-Odio esas escaleras –Dijeron Neville y Alice.
Después, había puertas que no se abrían, a menos que uno lo pidiera con amabilidad o les hiciera cosquillas en el lugar exacto.
-O con algunos cuadros –Dijeron los Merodeadores y George.
-¿Y ustedes como saben eso? –Preguntó McGonagall  a los Merodeadores.
-Somos Merodeadores –Contestaron estos.
-¿Y usted? –Preguntó a George.
-Soy su próxima peor pesadilla –Contestó George haciendo que Molly  y McGonagall palidecieran.
Y puertas que, en realidad, no eran sino sólidas paredes que fingían ser puertas. También era muy difícil recordar dónde estaba todo, ya que parecía que las cosas cambiaban de lugar continuamente. Las personas de los retratos seguían visitándose unos a otros, y Harry estaba seguro de que las armaduras podían andar.
-Obviamente –Dijeron muchos.
Los fantasmas tampoco ayudaban. Siempre era una desagradable sorpresa que alguno se deslizara súbitamente a través de la puerta que se intentaba abrir. Nick Casi Decapitado siempre se sentía contento de señalar el camino indicado a los nuevos Gryffindors.
Todos los Gryffindors sonrieron.
Pero Peeves el Duende se encargaba de poner puertas cerradas y escaleras con trampas en el camino de los que llegaban tarde a clase. También les tiraba papeleras a la cabeza, corría las alfombras debajo de los pies del que pasaba, les tiraba tizas o, invisible, se deslizaba por detrás, cogía la nariz de alguno y gritaba: ¡TENGO TU NARIZ!
Algunos rieron.
Pero aún peor que Peeves, si eso era posible, era el celador, Argus Filch.
-Es posible –Dijeron la mayoría.
Harry y Ron se las arreglaron para chocar con él, en la primera mañana. Filch los encontró tratando de pasar por una puerta que, desgraciadamente, resultó ser la entrada al pasillo prohibido del tercer piso.
Lile negó resignada, un nuevo Merodeador, mientras que Sirius, James y Remus sonreían orgullosos.
No les creyó cuando dijeron que estaban perdidos, estaba convencido de que querían entrar a propósito y los amenazó con encerrarlos en los calabozos, hasta que el profesor Quirrell, que pasaba por allí, los rescató.
-Idiota –Murmuró el trío de Oro.
Filch tenía una gata llamada Señora Norris, una criatura flacucha y de color polvoriento, con ojos saltones como linternas, iguales a los de Filch.
-¿Sigue viva? –Preguntaron muchos.
Patrullaba sola por los pasillos. Si uno infringía una regla delante de ella, o ponía un pie fuera de la línea permitida, se escabullía para buscar a Filch, el cual aparecía dos segundos más tarde. Filch conocía todos los pasadizos secretos del colegio mejor que nadie (excepto tal vez los gemelos Weasley)
-Primero: Filch no conoce todos los pasadizos –Dijo George.
-Y segundo: Nosotros conocemos TODOS  los pasadizos –Dijeron James y Sirius mirando de reojo a Remus.
Y podía aparecer tan súbitamente como cualquiera de los fantasmas. Todos los estudiantes lo detestaban, y la más soñada ambición de muchos era darle una buena patada a la Señora Norris.
-Recuérdame porque no lo hicimos cuando pudimos –Susurró Ron a Harry.
-Salvábamos el mundo mágico –Contestó Harry.
Y después, cuando por fin habían encontrado las aulas, estaban las clases. Había mucho más que magia, como Harry descubrió muy pronto, mucho más que agitar la varita y decir unas palabras graciosas.
Tenían que estudiar los cielos nocturnos con sus telescopios, cada miércoles a medianoche, y aprender los nombres de las diferentes estrellas y los movimientos de los planetas. Tres veces por semana iban a los invernaderos de detrás del castillo a estudiar Herbología, con una bruja pequeña y regordeta llamada profesora Sprout, y aprendían a cuidar de todas las plantas extrañas y hongos y a descubrir para qué debían utilizarlas.
La profesora le sonrió a Harry.
Pero la asignatura más aburrida era Historia de la Magia, la única clase dictada por un fantasma.
-Ni que lo digas –Dijeron casi todos.
El profesor Binns ya era muy viejo cuando se quedó dormido frente a la chimenea del cuarto de profesores y se levantó a la mañana siguiente para dar clase, dejando atrás su cuerpo. Binns hablaba monótonamente, mientras escribía nombres y fechas, y hacia que Elmerico el Malvado y Ulrico el Chiflado se confundieran.
El profesor Flitwick, el de la clase de Encantamientos, era un brujo diminuto que tenía que subirse a unos cuantos libros para ver por encima de su escritorio. Al comenzar la primera clase, sacó la lista y, cuando llegó al nombre de Harry, dio un chillido de excitación y desapareció de la vista.
Todos rieron imaginándose esa escena mientras el profesor se sonrojaba.
La profesora McGonagall era siempre diferente. Harry había tenido razón al pensar que no era una profesora con quien se pudiera tener problemas. Estricta e inteligente, les habló en el primer momento en que se sentaron, el día de su primera clase.
—Transformaciones es una de las magias más complejas y peligrosas que aprenderéis en Hogwarts —dijo—. Cualquiera que pierda el tiempo en mi clase tendrá que irse y no podrá volver. Ya estáis prevenidos.
-¡Mentira! –Gritaron James y Sirius, mientras su profesora los miraba divertida.
Entonces transformó un escritorio en un cerdo y luego le devolvió su forma original. Todos estaban muy impresionados y no aguantaban las ganas de empezar, pero muy pronto se dieron cuenta de que pasaría mucho tiempo antes de que pudieran transformar muebles en animales. Después de hacer una cantidad de complicadas anotaciones, le dio a cada uno una cerilla para que intentaran convertirla en una aguja. Al final de la clase, sólo Hermione Granger había hecho algún cambio en la cerilla. La profesora McGonagall mostró a todos cómo se había vuelto plateada y puntiaguda, y dedicó a la niña una excepcional sonrisa.
-Hermione haces milagros –Le dijo George haciendo que se sonrojara.
La clase que todos esperaban era Defensa Contra las Artes Oscuras, pero las lecciones de Quirrell resultaron ser casi una broma. Su aula tenía un fuerte olor a ajo, y todos decían que era para protegerse de un vampiro que había conocido en Rumania y del que tenía miedo de que volviera a buscarlo.
-¿Cómo va a dar clase si le teme a su materia? –Preguntó Remus.
Su turbante, les dijo, era un regalo de un príncipe africano como agradecimiento por haberlo liberado de un molesto zombi, pero ninguno creía demasiado en su historia. Por un lado, porque cuando Seamus Finnigan se mostró deseoso de saber cómo había derrotado al zombi, el profesor Quirrell se ruborizó y comenzó a hablar del tiempo, y por el otro, porque habían notado que el curioso olor salía del turbante, y los gemelos Weasley insistían en que estaba lleno de ajo, para proteger a Quirrell cuando el vampiro apareciera.
-Hubiera sido preferible que tuviera ajo –Murmuró Harry.
Harry se sintió muy aliviado al descubrir que no estaba mucho más atrasado que los demás. Muchos procedían de familias muggle y, como él, no tenían ni idea de que eran brujas y magos. Había tantas cosas por aprender que ni siquiera un chico como Ron tenía mucha ventaja.
-Te lo dije y no me hiciste caso –Dijo Ron a Harry que se ruborizó.
El viernes fue un día importante para Harry y Ron. Por fin encontraron el camino hacia el Gran Comedor a la hora del desayuno, sin perderse ni una vez.
— ¿Qué tenemos hoy? —preguntó Harry a Ron, mientras echaba azúcar en sus cereales.
—Pociones Dobles con los de Slytherin —respondió Ron—. Snape es el Jefe de la Casa Slytherin. Dicen que siempre los favorece a ellos... Ahora veremos si es verdad.
-Es verdad –Dijeron los del futuro, y McGonagall fulminó con la mirada al Slytherin.
—Ojala McGonagall nos favoreciera a nosotros —dijo Harry. La profesora McGonagall era la jefa de la casa Gryffindor; pero eso no le había impedido darles una gran cantidad de deberes el día anterior.
-Ella favorece a Gryffindor, solo que no se nota –Dijo James sonriendo a su profesora que se ruborizó levemente.
Justo en aquel momento llegó el correo. Harry ya se había acostumbrado, pero la primera mañana se impresionó un poco cuando unas cien lechuzas entraron súbitamente en el Gran Comedor durante el desayuno, volando sobre las mesas hasta encontrar a sus dueños, para dejarles caer encima cartas y paquetes.
Hedwig no le había llevado nada hasta aquel día.
James y Lily bajaron la cabeza, mientras que Sirius y Remus se preguntaban donde estaban ellos.
 Algunas veces volaba para mordisquearle una oreja y conseguir una tostada, antes de volver a dormir en la lechucería, con las otras lechuzas del colegio. Sin embargo, aquella mañana pasó volando entre la mermelada y la azucarera y dejó caer un sobre en el plato de Harry Este lo abrió de inmediato.

Querido Harry (decía con letra desigual),
Sé que tienes las tardes de los viernes libres, así que ¿te gustaría venir a tomar una taza de té conmigo, a eso de las tres? Quiero que me cuentes todo lo de tu primera semana. Envíame la respuesta con Hedwig.

Hagrid
-Gracias Hagrid –Dijeron James y Lily.
-Por nada –Contestó el con una sonrisa. 
Harry cogió prestada la pluma de Ron y contestó: «Sí, gracias, nos veremos más tarde», en la parte de atrás de la nota, y la envió con Hedwig.
Fue una suerte que Hagrid hubiera invitado a Harry a tomar el té, porque la clase de Pociones resultó ser la peor cosa que le había ocurrido allí, hasta entonces.
-Lunático hazme el favor de sacar pergamino y pluma –Remus asintió y empezó a escribir.
-¿Qué hace? –Preguntó Lily.
-Planea una broma al puro estilo Merodeador –Explicó James.
-También anota a los Dursley –Dijo Sirius, Remus asintió y siguió escribiendo.
-Y yo pensaba que era el sensato –Dijo McGonagall.
James y Sirius volvieron a carcajearse.
-Si Remus fuera sensato estaríamos arruinados –Dijo James entre risas.
Al comenzar el banquete de la primera noche, Harry había pensado que no le caía bien al profesor Snape.
Pero al final de la primera clase de Pociones supo que no se había equivocado. No era sólo que a Snape no le gustara Harry: lo detestaba.
-Entiendo esa sensación –Dijo James haciendo que Harry riera.
Las clases de Pociones se daban abajo, en un calabozo. Hacía mucho más frío allí que arriba, en la parte principal del castillo, y habría sido igualmente tétrico sin todos aquellos animales conservados, flotando en frascos de vidrio, por todas las paredes.
-Que asco –Dijo Tonks que estaba entre Remus y Sirius.
-¿Ella es…? –Preguntó George.
-La misma –Contestó Ginny con una sonrisa y abrazando a Teddy.
-Wow –Fue lo único que pudo decir.
Snape, como Flitwick, comenzó la clase pasando lista y, como Flitwick, se detuvo ante el nombre de Harry
—Ah, sí —murmuró—. Harry Potter. Nuestra nueva... celebridad.
Los Merodeadores gruñeron, mientras que Lily lo miraba decepcionado.
Draco Malfoy y sus amigos Crabbe y Goyle rieron tapándose la boca.
Snape terminó de pasar lista y miró a la clase. Sus ojos eran tan negros como los de Hagrid, pero no tenían nada de su calidez. Eran fríos y vacíos y hacían pensar en túneles oscuros.
—Vosotros estáis aquí para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones —comenzó. Hablaba casi en un susurro, pero se le entendía todo. Como la profesora McGonagall, Snape tenía el don de mantener a la clase en silencio, sin ningún esfuerzo—. Aquí habrá muy poco de estúpidos movimientos de varita y muchos de vosotros dudaréis que esto sea magia. No espero que lleguéis a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente, con sus vapores relucientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas, hechizando la mente, engañando los sentidos... Puedo enseñaros cómo embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener la muerte... si sois algo más que los alcornoques a los que habitualmente tengo que enseñar.
-¡Señor Snape! ¡Esas no son formas de hablar a los alumnos! –Gritó la profesora McGonagall.
-¡Todavía no hago nada! –Se defendió el chico.
Más silencio siguió a aquel pequeño discurso. Harry y Ron intercambiaron miradas con las cejas levantadas. Hermione Granger estaba sentada en el borde de la silla, y parecía desesperada por empezar a demostrar que ella no era un alcornoque.
-¡Harry! –Se escandalizó Hermione mientras se sonrojaban.
Los del futuro empezaron a reír, inclusive Teddy.
-No puedes negar la verdad –Contestó Harry.
    ¡Potter! —Dijo de pronto Snape—. ¿Qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?
-Remus ¿Estas escribiendo? –Preguntó James mientras apretaba la mandíbula. Remus asintió y siguió escribiendo.
¿Raíz en polvo de qué a una infusión de qué? Harry miró de reojo a Ron, que parecía tan desconcertado como él. La mano de Hermione se agitaba en el aire.
—No lo sé, señor —contestó Harry.
Los labios de Snape se curvaron en un gesto burlón.
—Bah, bah... es evidente que la fama no lo es todo.
No hizo caso de la mano de Hermione.
—Vamos a intentarlo de nuevo, Potter. ¿Dónde buscarías si te digo que me encuentres un bezoar?
-¡Esa pregunta es de sexto! –Gritó Lily furiosa- Yo los ayudo con la broma.
Todos la miraron sorprendidos y Snape tragó en seco, Lily enojada es como si te encerraran con un león enjaulado al que no le dan comer hace tres días.
Hermione agitaba la mano tan alta en el aire que no necesitaba levantarse del asiento para que la vieran, pero Harry no tenía la menor idea de lo que era un bezoar. Trató de no mirar a Malfoy y a sus amigos, que se desternillaban de risa.
—No lo sé, señor.
—Parece que no has abierto ni un libro antes de venir. ¿No es así, Potter?
Harry se obligó a seguir mirando directamente aquellos ojos fríos. Sí había mirado sus libros en casa de los Dursley, pero ¿cómo esperaba Snape que se acordara de todo lo que había en Mil hierbas mágicas y hongos?
Snape seguía haciendo caso omiso de la mano temblorosa de Hermione.
— ¿Cuál es la diferencia, Potter; entre acónito y luparia?
Ante eso, Hermione se puso de pie, con el brazo extendido hacia el techo de la mazmorra.
—No lo sé —dijo Harry con calma—. Pero creo que Hermione lo sabe. ¿Por qué no se lo pregunta a ella?
La mayoría estallaron en carcajadas mientras que Harry se disculpaba con Hermione que se ruborizó y empezó a pegarle a Harry.
-Hermione te agradecería que dejaras de pegarle –Le dijo Ginny, que sostenía a un Teddy muy risueño mirando como le pegaban a su padrino.
Unos pocos rieron. Harry captó la mirada de Seamus, que le guiñó un ojo. Snape, sin embargo, no estaba complacido.
—Siéntate —gritó a Hermione—. Para tu información, Potter; asfódelo y ajenjo producen una poción para dormir tan poderosa que es conocida como Filtro de Muertos en Vida. Un bezoar es una piedra sacada del estómago de una cabra y sirve para salvarte de la mayor parte de los venenos. En lo que se refiere a acónito y luparia, es la misma planta. Bueno, ¿por qué no lo estáis apuntando todo?
Se escuchó un gruñido general.
Se produjo un súbito movimiento de plumas y pergaminos. Por encima del ruido, Snape dijo:
—Y se le restará un punto a la casa Gryffindor por tu descaro, Potter.
Las cosas no mejoraron para los Gryffindors a medida que continuaba la clase de Pociones. Snape los puso en parejas, para que mezclaran una poción sencilla para curar forúnculos. Se paseó con su larga capa negra, observando cómo pesaban ortiga seca y aplastaban colmillos de serpiente, criticando a todo el mundo salvo a Malfoy, que parecía gustarle. En el preciso momento en que les estaba diciendo a todos que miraran la perfección con que Malfoy había cocinado a fuego lento los pedazos de cuernos, multitud de nubes de un ácido humo verde y un fuerte silbido llenaron la mazmorra. De alguna forma, Neville se las había ingeniado para convertir el caldero de Seamus en un engrudo hirviente que se derramaba sobre el suelo, quemando y haciendo agujeros en los zapatos de los alumnos.
Algunos rieron mientras que Neville y Frank que sonrojaban.
-Definitivamente, es hereditario –Dijeron los Merodeadores.
En segundos, toda la clase estaba subida a sus taburetes, mientras que Neville, que se había empapado en la poción al volcarse sobre él el caldero, gemía de dolor; por sus brazos y piernas aparecían pústulas rojas.
    ¡Chico idiota! —Dijo Snape con enfado, haciendo desaparecer la poción con un movimiento de su varita—. Supongo que añadiste las púas de erizo antes de sacar el caldero del fuego, ¿no?
-¡Señor Snape! ¿¡Cómo va a gritarle así a un alumno!? –Gritó McGonagall y Severus se encogió en su asiento.
Neville lloriqueaba, mientras las pústulas comenzaban a aparecer en su nariz.
—Llévelo a la enfermería —ordenó Snape a Seamus. Luego se acercó a Harry y Ron, que habían estado trabajando cerca de Neville.-Tu, Harry Potter. ¿Por qué no le dijiste que no pusiera las púas? Pensaste que si se equivocaba quedarías bien, ¿no es cierto? Éste es otro punto que pierdes para Gryffindor.
James y Sirius iban a pararse pero sus respectivas novias los frenaron.
Aquello era tan injusto que Harry abrió la boca para discutir, pero Ron le dio una patada por debajo del caldero.
—No lo provoques —murmuró—. He oído decir que Snape puede ser muy desagradable.
-Ni que lo digas –Dijeron los de futuro y los Merodeadores.
Una hora más tarde, cuando subían por la escalera para salir de las mazmorras, la mente de Harry era un torbellino y su ánimo estaba por los suelos. Había perdido dos puntos para Gryffindor en su primera semana... ¿Por qué Snape lo odiaba tanto?
-Fácil, piensa que tu eres yo –Dijo James bajando la cabeza con rabia, y Lily lo abrazó.
—Anímate —dijo Ron—. Snape siempre le quitaba puntos a Fred y a George. ¿Puedo ir a ver a Hagrid contigo?
-Mientras mas, mejor –Dijo Hagrid sonriéndole a los dos amigos.
Salieron del castillo cinco minutos antes de las tres y cruzaron los terrenos que lo rodeaban. Hagrid vivía en una pequeña casa de madera, en el borde del bosque prohibido. Una ballesta y un par de botas de goma estaban al lado de la puerta delantera.
Cuando Harry llamó a la puerta, oyeron unos frenéticos rasguños y varios ladridos. Luego se oyó la voz de Hagrid, diciendo:
—Atrás, Fang, atrás.
La gran cara peluda de Hagrid apareció al abrirse la puerta.
—Entrad —dijo— Atrás, Fang.
-Hagrid ¿Fang es tu cachorro? –Preguntó Sirius y Hagrid asintió- Amo a ese cachorro –Dijo con una sonrisa, que solo entendieron en su totalidad James, Remus, el trío de Oro, Ginny y George.
Los dejó entrar, tirando del collar de un imponente perro negro.
Había una sola estancia. Del techo colgaban jamones y faisanes, una cazuela de cobre hervía en el fuego y en un rincón había una cama enorme con una manta hecha de remiendos.
—Estáis en vuestra casa —dijo Hagrid, soltando a Fang, que se lanzó contra Ron y comenzó a lamerle las orejas. Como Hagrid, Fang era evidentemente mucho menos feroz de lo que parecía.
—Éste es Ron —dijo Harry a Hagrid, que estaba volcando el agua hirviendo en una gran tetera y sirviendo pedazos de pastel.
—Otro Weasley, ¿verdad? —Dijo Hagrid, mirando de reojo las pecas de Ron—. Me he pasado la mitad de mi vida ahuyentando a tus hermanos gemelos del bosque.
-¿¡CÓMO QUE DEL BOSQUE!? –Gritó Molly a George que se puso pálido.
-Si dijo eso, porque quieren entrar al bosque estamos fritos –Murmuró Ron a Harry que asintió con miedo.
El pastel casi les rompió los dientes, pero Harry y Ron fingieron que les gustaba, mientras le contaban a Hagrid todo lo referente a sus primeras clases. Fang tenía la cabeza apoyada sobre la rodilla de Harry y babeaba sobre su túnica.
Harry y Ron se quedaron fascinados al oír que Hagrid llamaba a Filch «ese viejo bobo».
Los Merodeadores, Ron y George se pararon y empezaron a aplaudir a Hagrid que se sonrojó.
—Y en lo que se refiere a esa gata, la Señora Norris, me gustaría presentársela un día a Fang. ¿Sabéis que cada vez que voy al colegio me sigue todo el tiempo? No me puedo librar de ella. Filch la envía a hacerlo.
Harry le contó a Hagrid lo de la clase de Snape. Hagrid, como Ron, le dijo a Harry que no se preocupara, que a Snape no le gustaba ninguno de sus alumnos.
—Pero realmente parece que me odie.
    ¡Tonterías! —Dijo Hagrid—. ¿Por qué iba a hacerlo?
-Porque no sabe diferenciar a las personas –Dijo James apretando los puños.
Sin embargo, Harry no podía dejar de pensar en que Hagrid había mirado hacia otro lado cuando dijo aquello.
— ¿Y cómo está tu hermano Charlie? —Preguntó Hagrid a Ron—. Me gustaba mucho, era muy bueno con los animales.
Harry se preguntó si Hagrid no estaba cambiando de tema a propósito. Mientras Ron le hablaba a Hagrid del trabajo de Charles con los dragones, Harry miró el recorte del periódico que estaba sobre la mesa. Era de El Profeta.

RECIENTE ASALTO EN GRINGOTTS
-¿¡QUÉ!? –Gritaron muchos. 
Continúan las investigaciones del asalto que tuvo lugar en Gringotts el 31 de julio. Se cree que se debe al trabajo de oscuros magos y brujas desconocidos.
Los gnomos de Gringotts insisten en que no se han llevado nada. La cámara que se registró había sido vaciada aquel mismo día.
«Pero no vamos a decirles qué había allí, así que mantengan las narices fuera de esto, si saben lo que les conviene», declaró esta tarde un gnomo portavoz de Gringotts.
Harry recordó que Ron le había contado en el tren que alguien había tratado de robar en Gringotts, pero su amigo no había mencionado la fecha.
    ¡Hagrid! —Dijo Harry—. ¡Ese robo en Gringotts sucedió el día de mi cumpleaños! ¡Pudo haber sucedido mientras estábamos allí!
Moody, (que había sido llamado), prestó demasiada atención.
Aquella vez no tuvo dudas: Hagrid decididamente evitó su mirada. Gruñó y le ofreció más pastel. Harry volvió a leer la nota. «La cámara que se registró había sido vaciada aquel mismo día.» Hagrid había vaciado la cámara setecientos trece, si puede llamarse vaciarla a sacar un paquetito arrugado. ¿Sería eso lo que estaban buscando los ladrones?
Mientras Harry y Ron regresaban al castillo para cenar, con los bolsillos llenos del pétreo pastel que fueron demasiado amables para rechazar; Harry pensaba que ninguna de las clases le había hecho reflexionar tanto como aquella merienda con Hagrid. ¿Hagrid habría sacado el paquete justo a tiempo? ¿Dónde podía estar? ¿Sabría algo sobre Snape que no quería decirle?
-Terminó el capitulo –Dijo la profesora.
-Profesor ¿podemos tomar un descanso? Necesito cambiar a Teddy –Dijo Ginny.
-En 20 minutos nos encontraremos otra vez aquí –Anunció el director y los alumnos fueron saliendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario