La cena transcurrió entre
charlas, risas y bromas de los Merodeadores, cuando todos terminaron de cenar
Dumbledore se levantó.
-Bien, ¿Seguimos leyendo?
-Preguntó el director y todos asintieron-. ¿Quién lee?
Ron se levantó y fue a buscar el
libro, lo abrió y la nube violeta volvió a aparecer y dejo a la vista a una
pelirroja de no más de 18 años. Harry se levantó corriendo a darle un beso a la
pelirroja y los Merodeadores, Lily y algunos mas sonrieron.
-Awww la mini-pelirroja -Dijo
Sirius, Ginny se separó de Harry, le dio un zape en la cabeza y luego lo abrazó
-. ¿Quién la entiende, primero me pega y luego me abraza?
-Déjala, que si se enoja y te tira un
mocomurcielago te vas a arrepentir -Le aconsejo Ron.
-Hola soy Ginny Weasley -Todos dejaron caer la
mandíbula -Tengo 18 años, y soy jugadora profesional de Quidditch -Los
fanáticos la aplaudieron.
-¿Salís con la hermana de tu mejor amigo? -Preguntó
James.
-Si, y la menor de siete hermanos hombres -Agregó
Harry y todos lo miraron mas sorprendidos.
-Arthur tenemos una niña -Le dijo Molly a su
marido.
-¿Cómo se tomaron tus seis cuñados la noticia de
que salís con su hermanita? -Preguntó Remus.
-Bill fue el peor -Molly se abrazó a su pequeño
hijo- Ya que Ginny es su enana y los mejores fueron Ron y Percy, ya que Percy
es el menos celoso y a Ron lo amenace con Hermione así que estábamos como "a
mano" -Dijo Harry.
-No me quiero imaginar cuando Vic le presente algún
novio -Dijo Ron.
-Lo va a castrar -Dijo Harry haciendo que varios
rieran.
-Igual Fleur intente calmarlo -Dijo Hermione.
-Si, pero a Bill celoso es muy difícil calmarlo, la
que puede calmarlo es mamá -Dijo Ginny.
-¿Pueden dejar de hablar entre ustedes? -Pidió
James y Sirius.
-Wow, son iguales -Dijo Ginny fijándose en su
suegro.
-¿Leemos? -Preguntó Ron, todos asintieron y se
sentaron.
Capítulo 6: El viaje desde
el andén nueve y tres cuartos
Lily bajó la mirada y James la
abrazó para contenerla.
El último mes de Harry con
los Dursley no fue divertido.
-Como si los demás lo fueran
-Murmuró Harry y Ginny lo abrazó.
Es cierto que Dudley le
tenía miedo y no se quedaba con él en la misma habitación, y que tía Petunia y
tío Vernon no lo encerraban en la alacena ni lo obligaban a hacer nada ni le
gritaban. En realidad, ni siquiera le dirigían la palabra.
Mitad aterrorizados, mitad
furiosos, se comportaban como si la silla que Harry ocupaba estuviera vacía.
Aunque aquello significaba una mejora en muchos aspectos, después de un tiempo
resultaba un poco deprimente.
Harry se quedaba en su
habitación, con su nueva lechuza por compañía. Decidió llamarla Hedwig, un
nombre que encontró en Una historia de la magia.
-No… -Empezó James.
-Puede… -Siguió Sirius.
-Ser…- Dijeron ambos -¡Lees un libro en vacaciones!
-No conocía nada y quería saber algo más del mundo mágico, igual creo que
fue el único verano en el que abrí un libro -Explicó Harry y su padre y su
padrino sonrieron.
-Ya pensé que íbamos a tener un mini-lunático -Dijo Sirius, Remus le pegó
y los del futuro rieron por lo bajo.
-Hablando de minis-lunáticos ¿Teddy? -Le susurró Harry a Ginny.
-Esta bien padrino sobre protector -Le dijo Ginny con una sonrisa, Harry
se hizo el ofendido y Ginny le dio un beso.
Los libros del colegio eran
muy interesantes. Por la noche leía en la cama hasta tarde, mientras Hedwig
entraba y salía a su antojo por la ventana abierta.Era una suerte que tía Petunia ya no entrara en la habitación, porque
Hedwig llevaba ratones muertos.
-Yo diría mala suerte, si entra
se desmaya -Dijo Sirius con una sonrisa traviesa que los del futuro nunca
habían visto. O por lo menos al Sirius del futuro, ya que Harry la había visto
en los recuerdos de Snape.
Cada noche, antes de dormir,
Harry marcaba otro día en la hoja de papel que tenía en la pared, hasta el uno
de septiembre.
-Yo hacia lo mismo -Dijo Sirius.
Y algunos del futuro y pasado le sonrieron tristes.
El último día de agosto
pensó que era mejor hablar con sus tíos para poder ir a la estación de King
Cross, al día siguiente.
Así que bajó al salón, donde
estaban viendo la televisión. Se aclaró la garganta, para que supieran que
estaba allí, y Dudley gritó y salió corriendo.
—Hum... ¿Tío Vernon?
Tío Vernon gruñó, para
demostrar que lo escuchaba.
-Que educado -Dijeron varias
mujeres.
—Hum... necesito estar
mañana en King Cross para... para ir a Hogwarts.
Tío Vernon gruñó otra vez.
— ¿Podría ser que me lleves
hasta allí?
Otro gruñido. Harry
interpretó que quería decir sí.
—Muchas gracias.
Estaba a punto de volver a
subir la escalera, cuando tío Vernon finalmente habló.
—Qué forma curiosa de ir a
una escuela de magos, en tren. ¿Las alfombras mágicas estarán todas pinchadas?
-Idiota -Fue lo único que se
escuchó en el comedor.
Harry no contestó nada.
— ¿Y dónde queda ese colegio,
de todos modos?
-En algún lugar de Escocia
-Dijeron Lily, Hermione y Remus y se sonrieron.
-Historia de Hogwarts -Murmuraron
James, Sirius, Harry y Ron.
—No lo sé —dijo Harry;
dándose cuenta de eso por primera vez. Sacó del bolsillo el billete que Hagrid
le había dado—. Tengo que coger el tren que sale del andén nueve y tres
cuartos, a las once de la mañana —leyó.
Sus tíos lo miraron
asombrados.
— ¿Andén qué?
—Nueve y tres cuartos.
—No digas estupideces —dijo
tío Vernon—. No hay ningún andén nueve y tres cuartos.
-Petunia sabe que si -Dijo Lily
derramando un par de lagrimas.
—Eso dice mi billete.
—Equivocados —dijo tío
Vernon—. Totalmente locos, todos ellos. Ya lo verás. Tú espera. Muy bien, te
llevaremos a King Cross. De todos modos, tenemos que ir a Londres mañana. Si
no, no me molestaría.
— ¿Por qué vais a Londres?
—preguntó Harry tratando de mantener el tono amistoso.
—Llevamos a Dudley al
hospital —gruñó tío Vernon—. Para que le quiten esa maldita cola antes de que
vaya a Smeltings.
Las risas no se hicieron esperar.
A la mañana siguiente, Harry
se despertó a las cinco, tan emocionado e ilusionado que no pudo volver a
dormir.
-¿A las cinco? -Preguntaron incrédulos.
-Estaba emocionado -Se defendió
Harry.
-Yo también, no ver a Walburga
por 10 meses es genial, pero no me levante a las cinco -Dijo Sirius.
-¿Walburga? -Le susurró Lily a
James.
-Su madre -Respondió James.
Se levantó y se puso los
tejanos: no quería andar por la estación con su túnica de mago, ya se cambiaría
en el tren.
Miró otra vez su lista de Hogwarts
para estar seguro de que tenía todo lo necesario, se ocupó de meter a Hedwig en
su jaula y luego se paseó por la habitación, esperando que los Dursley se
levantaran. Dos horas más tarde, el pesado baúl de Harry estaba cargado en el
coche de los Dursley y tía Petunia había hecho que Dudley se sentara con Harry,
para poder marcharse.
Llegaron a King Cross a las
diez y media. Tío Vernon cargó el baúl de Harry en un carrito y lo llevó por la
estación. Harry pensó que era una rara amabilidad,
Todos concordaron con Harry.
Hasta que tío Vernon se
detuvo, mirando los andenes con una sonrisa perversa.
—Bueno, aquí estás,
muchacho. Andén nueve, andén diez... Tú andén debería estar en el medio, pero
parece que aún no lo han construido, ¿no?
Tenía razón, por supuesto.
Había un gran número nueve, de plástico, sobre un andén, un número diez sobre
el otro y, en el medio, nada.
—Que tengas un buen curso
—dijo tío Vernon con una sonrisa aún más torva. Se marchó sin decir una palabra
más. Harry se volvió y vio que los Dursley se alejaban. Los tres se reían.
Lily se estaba poniendo colorada,
los que estaban cerca y sabían lo que podía llegar a pasar se alejaron un poco.
-Lily tranquila -Decía James.
Harry se levantó y empezó a
caminar hacia su madre, su padre negaba con la cabeza con una mueca de horror,
pero Harry sacó su lado Gryffindor, la agarró de los hombros y verde con verde
se conectaron.
-Tranquila, yo estoy acá y bien,
ese viaje a Hogwarts fue el mejor -Lily soltó mas lagrimas y se abalanzó a
Harry, el le correspondió el abrazó.
-Esto no tendría que haber pasado
así -Le susurró Lily a Harry, el la abrazó mas fuerte.
-Lo sé, y por eso estamos acá -Le
dijo Harry limpiándole las lágrimas, mientras que casi todas las mujeres
lloraban, pero nadie más que Hermione que era abrazada por Ron, Ginny que era
abrazada por Neville, Alice que era abrazada por Frank, y Marlene que
inconscientemente era abrazada por Sirius Black.
Harry sintió la boca seca.
¿Qué haría? Estaba llamando la atención, a causa de Hedwig. Tendría que preguntarle
a alguien. Detuvo a un guarda que pasaba, pero no se atrevió a mencionar el
andén nueve y tres cuartos. El guarda nunca había oído hablar de Hogwarts, y
cuando Harry no pudo decirle en qué parte del país quedaba, comenzó a
molestarse, como si pensara que Harry se hacía el tonto a propósito.
-Eras tan inocente -Le dijo
Ginny.
-Habla la fan numero uno de Harry
Potter -Le respondió Harry y Ginny se sonrojo.
Sin saber qué hacer, Harry
le preguntó por el tren que salía a las once, pero el guarda le dijo que no
había ninguno. Al final, el guarda se alejó, murmurando algo sobre la gente que
hacía perder el tiempo. Según el gran reloj que había sobre la tabla de
horarios de llegada, tenía diez minutos para coger el tren a Hogwarts y no
tenía idea de qué podía hacer. Estaba en medio de la estación con un baúl que
casi no podía transportar, un bolsillo lleno de monedas de mago y una jaula con
una lechuza.
Hagrid debió de olvidar
decirle algo que tenía que hacer, como dar un golpe al tercer ladrillo de la
izquierda para entrar en el callejón Diagón. Se preguntó si debería sacar su
varita y comenzar a golpear la taquilla, entre los andenes nueve y diez.
-Te tratarían de loco -Dijeron
varios.
En aquel momento, un grupo
de gente pasó por su lado y captó unas pocas palabras.
—... lleno de muggles, por
supuesto...
Harry, Ginny y Ron sonrieron.
Harry se volvió para verlos.
La que hablaba era una mujer regordeta, que se dirigía a cuatro muchachos,
todos con pelo de llameante color rojo.
Automáticamente todos miraron a los
Weasley.
Cada uno empujaba un baúl,
como Harry, y llevaban una lechuza.
Con el corazón palpitante,
Harry empujó el carrito detrás de ellos. Se detuvieron y los imitó, parándose
lo bastante cerca para escuchar lo que decían.
-Chusma -Le dijeron varios y
Harry sonrió.
—Y ahora, ¿cuál es el número
del andén? —dijo la madre.
— ¡Nueve y tres cuartos! —Dijo
la voz aguda de una niña, también pelirroja, que iba de la mano de la madre—.
Mamá, ¿no puedo ir...?
Ginny sonrió. Y Harry y Ron
rieron
—No tienes edad suficiente,
Ginny Ahora estate quieta. Muy bien, Percy, tú primero.
El que parecía el mayor de
los chicos se dirigió hacia los andenes nueve y diez. Harry observaba,
procurando no parpadear para no perderse nada. Pero justo cuando el muchacho
llegó a la división de los dos andenes, una larga caravana de turistas pasó
frente a él y, cuando se alejaron, el muchacho había desaparecido.
—Fred, eres el siguiente
—dijo la mujer regordeta.
Harry vio como a Ginny los ojos
se le aguaban y la abrazó.
—No soy Fred, soy George
—dijo el muchacho—. ¿De veras, mujer, puedes llamarte nuestra madre? ¿No te das
cuenta de que yo soy George?
Todos rieron pero nadie mas
fuerte que los bromistas.
-Ese es mi sobrino -Gritaron Fabián
y Gideon.
—Lo siento, George, cariño.
—Estaba bromeando, soy Fred
—dijo el muchacho, y se alejó.
Otra ronda de risas se escuchó en
el comedor.
Debió pasar, porque un
segundo más tarde ya no estaba. Pero ¿cómo lo había hecho? Su hermano gemelo
fue tras él: el tercer hermano iba rápidamente hacia la taquilla (estaba casi
allí) y luego, súbitamente, no estaba en ninguna parte.
No había nadie más.
—Discúlpeme —dijo Harry a la
mujer regordeta.
—Hola, querido —dijo—.
Primer año en Hogwarts, ¿no? Ron también es nuevo.
Todos miraron a Ron que estaba
sonriendo con Harry.
Señaló al último y menor de
sus hijos varones. Era alto, flacucho y pecoso, con manos y pies grandes y una
larga nariz.
-Gracias -Dijo Ron
sarcásticamente mientras sus amigos su
hermana reían fuertemente.
—Sí —dijo Harry—. Lo que
pasa es que... es que no sé cómo...
— ¿Cómo entrar en el andén?
—preguntó bondadosamente, y Harry asintió con la cabeza.
—No te preocupes —dijo—. Lo
único que tienes que hacer es andar recto hacia la barrera que está entre los
dos andenes. No te detengas y no tengas miedo de chocar, eso es muy importante.
Lo mejor es ir deprisa, si estás nervioso. Ve ahora, ve antes que Ron.
-Gracias Molly -Dijo Lily con los
ojos aguados.
-Por nada -Respondió esta con una
sonrisa.
—Hum... De acuerdo —dijo
Harry.
Empujó su carrito y se
dirigió hacia la barrera. Parecía muy sólida.
Comenzó a andar. La gente
que andaba a su alrededor iba al andén nueve o al diez. Fue más rápido. Iba a
chocar contra la taquilla y tendría problemas. Se inclinó sobre el carrito y
comenzó a correr (la barrera se acercaba cada vez más). Ya no podía detenerse
(el carrito estaba fuera de control), ya estaba allí... Cerró los ojos,
preparado para el choque...
Pero no llegó. Siguió
rodando. Abrió los ojos.
Una locomotora de vapor, de
color escarlata, esperaba en el andén lleno de gente.
Todos sonrieron pensando la
primera vez que habían visto el Expreso.
Un rótulo decía: «Expreso de
Hogwarts, 11 h». Harry miró hacia atrás y vio una arcada de hierro donde debía
estar la taquilla, con las palabras «Andén Nueve y Tres Cuartos».
Lo había logrado.
El humo de la locomotora se
elevaba sobre las cabezas de la ruidosa multitud, mientras que gatos de todos
los colores iban y venían entre las piernas de la gente. Las lechuzas se
llamaban unas a otras, con un malhumorado ulular, por encima del ruido de las
charlas y el movimiento de los pesados baúles.
Los primeros vagones ya
estaban repletos de estudiantes, algunos asomados por las ventanillas para
hablar con sus familiares, otros discutiendo sobre los asientos que iban a
ocupar. Harry empujó su carrito por el andén, buscando un asiento vacío. Pasó
al lado de un chico de cara redonda que decía:
—Abuelita, he vuelto a
perder mi sapo.
—Oh, Neville —oyó que
suspiraba la anciana.
-Ya me preguntaba cuando aparecías
-Dijeron Frank y Alice.
Un muchacho de pelos tiesos
estaba rodeado por un grupo.
—Déjanos mirar, Lee, vamos.
El muchacho levantó la tapa
de la caja que llevaba en los brazos, y los que lo rodeaban gritaron cuando del
interior salió una larga cola peluda.
Harry se abrió paso hasta
que encontró un compartimiento vacío, cerca del final del tren. Primero puso a
Hedwig y luego comenzó a empujar el baúl hacia la puerta del vagón. Trató de
subirlo por los escalones, pero sólo lo pudo levantar un poco antes de que se
cayera golpeándole un pie.
— ¿Quieres que te eche una
mano? —Era uno de los gemelos pelirrojos, a los que había seguido a través de
la barrera de los andenes.
—Sí, por favor —jadeó Harry.
— ¡Eh, Fred! ¡Ven a ayudar!
Lily,
Molly, Harry, Ron, Ginny, Hermione y los Merodeadores sonrieron.
Con la ayuda de los gemelos,
el baúl de Harry finalmente quedó en un rincón del compartimiento.
—Gracias —dijo Harry,
quitándose de los ojos el pelo húmedo.
— ¿Qué es eso? —dijo de pronto
uno de los gemelos, señalando la brillante cicatriz de Harry.
-Ni que tuviera una linterna
-Dijo Harry.
—Vaya—dijo el otro gemelo—.
¿Eres tú...?
—Es él —dijo el primero—.
Eres tú, ¿no? —se dirigió a Harry.
— ¿Quién? —preguntó Harry.
—Harry Potter —respondieron
a coro.
—Oh, él —dijo Harry—. Quiero
decir, sí, soy yo.
-¿No sabías como te llamabas?
-Bromeó Sirius y Harry le dio un zape.
Los dos muchachos lo miraron
boquiabiertos y Harry sintió que se ruborizaba. Entonces, para su alivio, una
voz llegó a través de la puerta abierta del compartimiento.
— ¿Fred? ¿George? ¿Estáis
ahí?
—Ya vamos, mamá.
Con una última mirada a
Harry, los gemelos saltaron del vagón.
Harry se sentó al lado de la
ventanilla. Desde allí, medio oculto, podía observar a la familia de pelirrojos
en el andén y oír lo que decían.
-¿Escuchaste? -Preguntó Ginny y
Harry asintió, entonces se ruborizó y escondió su cara en el pecho de Harry.
La madre acababa de sacar un
pañuelo.
—Ron, tienes algo en la
nariz.
-Mi madre hizo lo mismo -Dijo
James y algunos rieron.
El menor de los varones
trató de esquivarla, pero la madre lo sujetó y comenzó a frotarle la punta de
la nariz.
—Mamá, déjame —exclamó
apartándose.
— ¿Ah, el pequeñito Roonie
tiene algo en su naricita? —dijo uno de los gemelos.
-Son geniales -Dijeron los
Merodeadores.
—Cállate —dijo Ron.
— ¿Dónde está Percy? —preguntó
la madre.
—Ahí viene.
El mayor de los muchachos se
acercaba a ellos. Ya se había puesto la ondulante túnica negra de Hogwarts, y
Harry notó que tenía una insignia plateada en el pecho, con la letra P
—No me puedo quedar mucho,
mamá —dijo—. Estoy delante, los prefectos tenemos dos compartimientos...
—Oh, ¿tú eres un prefecto,
Percy? —Dijo uno de los gemelos, con aire de gran sorpresa—. Tendrías que
habérnoslo dicho, no teníamos idea.
—Espera, creo que recuerdo
que nos dijo algo —dijo el otro gemelo—. Una vez...
—O dos...
—Un minuto...
—Todo el verano...
Todos estallaron en carcajadas.
-Esos chicos tienen que ser
Merodeadores.
—Oh, callaos —dijo Percy, el
prefecto.
—Y de todos modos, ¿por qué
Percy tiene túnica nueva? —dijo uno de los gemelos.
—Porque él es un
prefecto—dijo afectuosamente la madre—. Muy bien, cariño, que tengas un buen
año. Envíame una lechuza cuando llegues allá.
Besó a Percy en la mejilla y
el muchacho se fue. Luego se volvió hacia los gemelos.
—Ahora, vosotros dos... Este
año os tenéis que portar bien. Si recibo una lechuza más diciéndome que habéis
hecho... estallar un inodoro o...
-Mala idea- Dijo Lily.
-Me hace acordar a los regaños de
mamá Dorea -Dijo Sirius con una sonrisa y James asintió.
— ¿Hacer estallar un
inodoro? Nosotros nunca hemos hecho nada de eso.
—Pero es una gran idea,
mamá. Gracias.
Otra pequeña ronda de risas se
escuchó.
—No tiene gracia. Y cuidad
de Ron.
—No te preocupes, el pequeño
Roonie estará seguro con nosotros.
-Si, claro-Dijeron los del futuro
sarcásticamente.
—Cállate —dijo otra vez Ron.
Era casi tan alto como los gemelos y su nariz todavía estaba rosada, en donde
su madre la había frotado.
—Eh, mamá, ¿adivinas a quién
acabamos de ver en el tren?
Harry se agachó rápidamente
para que no lo descubrieran.
— ¿Os acordáis de ese
muchacho de pelo negro que estaba cerca de nosotros, en la estación? ¿Sabéis
quién es?
— ¿Quién?
— ¡Harry Potter!
Los Merodeadores empezaron a
gritar como fans locas haciendo que muchos rieran a carcajadas.
Harry oyó la voz de la niña.
—Mamá, ¿puedo subir al tren
para verlo? ¡Oh, mamá, por favor...!
Las risas se escucharon en el
comedor y algunos voltearon a ver a Ginny escondida en el pecho del azabache.
—Ya lo has visto, Ginny y,
además, el pobre chico no es algo para que lo mires como en el zoológico. ¿Es
él realmente, Fred? ¿Cómo lo sabes?
—Se lo pregunté. Vi su
cicatriz. Está realmente allí... como iluminada.
-Ohh -Dijeron los mas chicos con
tono misterioso causando algunas risas.
—Pobrecillo... No es raro
que esté solo. Fue tan amable cuando me preguntó cómo llegar al andén...
—Eso no importa. ¿Crees que
él recuerda cómo era Quien-tú-sabes?
La madre, súbitamente, se
puso muy seria.
-Y con razón -Dijo Lily.
—Te prohíbo que le
preguntes, Fred. No, no te atrevas. Como si necesitara que le recuerden algo
así en su primer día de colegio.
-Me lo recordaron el primero, el
segundo y hasta ahora me lo recuerdan -Dijo Harry.
—Está bien, quédate
tranquila.
Se oyó un silbido.
—Daos prisa —dijo la madre,
y los tres chicos subieron al tren. Se asomaron por la ventanilla para que los
besara y la hermanita menor comenzó a llorar.
—No llores, Ginny, vamos a
enviarte muchas lechuzas.
—Y un inodoro de Hogwarts.
-Mis sobrinos son geniales
-Dijeron los gemelos Prewett ganadose un golpe de su hermana.
— ¡George!
—Era una broma, mamá.
-¿Te lo dieron? -Preguntaron los
bromistas.
-A mi no -Respondió Ginny,
mirando de reojo a Harry.
El tren comenzó a moverse.
Harry vio a la madre de los muchachos agitando la mano y a la hermanita, mitad
llorando, mitad riendo, corriendo para seguir al tren, hasta que éste comenzó a
acelerar y entonces se quedó saludando.
Harry observó a la madre y
la hija hasta que desaparecieron, cuando el tren giró. Las casas pasaban a toda
velocidad por la ventanilla. Harry sintió una ola de excitación. No sabía lo
que iba a pasar... pero sería mejor que lo que dejaba atrás.
La puerta del compartimiento
se abrió y entró el menor de los pelirrojos.
— ¿Hay alguien sentado ahí?
—Preguntó, señalando el asiento opuesto a Harry—. Todos los demás vagones están
llenos.
Harry negó con la cabeza y
el muchacho se sentó. Lanzó una mirada a Harry y luego desvió la vista
rápidamente hacia la ventanilla, como si no lo hubiera estado observando. Harry
notó que todavía tenía una mancha negra en la nariz.
-Gracias por avisar -Le dijo Ron.
—Eh, Ron.
Los gemelos habían vuelto.
—Mira, nosotros nos vamos a
la mitad del tren, porque Lee Jordan tiene una tarántula gigante y vamos a
verla.
Ron se estremeció causando
risitas a los del futuro.
—De acuerdo —murmuró Ron.
—Harry —dijo el otro
gemelo—, ¿te hemos dicho quiénes somos? Fred y George Weasley. Y él es Ron,
nuestro hermano. Nos veremos después, entonces.
—Hasta luego —dijeron Harry
y Ron. Los gemelos salieron y cerraron la puerta.
— ¿Eres realmente Harry
Potter? —dejó escapar Ron.
Ginny y Hermione se golpearon la
mano con la frente.
Harry asintió.
—Oh... bien, pensé que podía
ser una de las bromas de Fred y George —dijo Ron—. ¿Y realmente te hiciste
eso... ya sabes...?
Señaló la frente de Harry.
Harry se levantó el flequillo
para enseñarle la luminosa cicatriz. Ron la miró con atención.
— ¿Así que eso es lo que
Quien-tú-sabes...?
-¡Ron! -Lo regañaron su madre, su
hermana y su novia.
—Sí —dijo Harry—, pero no
puedo recordarlo.
— ¿Nada? —dijo Ron en tono
anhelante.
—Bueno... recuerdo una luz
verde muy intensa, pero nada más.
Algunos se estremecieron y otros
largaron lágrimas.
—Vaya —dijo Ron. Contempló a
Harry durante unos instantes y luego, como si se diera cuenta de lo que estaba
haciendo, con rapidez volvió a mirar por la ventanilla.
— ¿Sois una familia de
magos? —preguntó Harry, ya que encontraba a Ron tan interesante como Ron lo
encontraba a él.
—Oh, sí, eso creo —respondió
Ron—. Me parece que mamá tiene un primo segundo que es contable, pero nunca
hablamos de él.
—Entonces ya debes de saber
mucho sobre magia.
Era evidente que los Weasley
eran una de esas antiguas familias de magos de las que había hablado el pálido
muchacho del callejón Diagon.
-Justamente no -Dijo Sirius.
—Oí que te habías ido a
vivir con muggles —dijo Ron—. ¿Cómo son?
—Horribles... Bueno, no
todos ellos. Mi tía, mi tío y mi primo sí lo son. Me hubiera gustado tener tres
hermanos magos.
-Los vas a tener -Dijo James y
Lily se sonrojo.
—Cinco —corrigió Ron. Por
alguna razón parecía deprimido—. Soy el sexto en nuestra familia que va a
asistir a Hogwarts. Podrías decir que tengo el listón muy alto. Bill y Charlie
ya han terminado. Bill era delegado de clase y Charlie era capitán de
quidditch. Ahora Percy es prefecto. Fred y George son muy revoltosos, pero a
pesar de eso sacan muy buenas notas y todos los consideran muy divertidos.
Todos esperan que me vaya tan bien como a los otros, pero si lo hago tampoco
será gran cosa, porque ellos ya lo hicieron primero.
Ginny le pegó un zape en la
cabeza.
-Y agradece, que no están ni Bill
ni Charlie -Le advirtió su hermana.
Además, nunca tienes nada nuevo, con cinco
hermanos. Me dieron la túnica vieja de Bill, la varita vieja de Charles y la
vieja rata de Percy.
-Estupido complejo -Le dijo
Harry.
Ron buscó en su chaqueta y
sacó una gorda rata gris, que estaba dormida.
-La hubiéramos matado del
principio -Le susurró Harry a sus amigos.
-Pero no hubiéramos podido
comprobar la libertad de Sirius -Razonó Hermione.
—Se llama Scabbers y no
sirve para nada, casi nunca se despierta. A Percy, papá le regaló una lechuza,
porque lo hicieron prefecto, pero no podían comp... Quiero decir, por eso me
dieron a Scabbers.
Las orejas de Ron
enrojecieron. Parecía pensar que había hablado demasiado, porque otra vez miró
por la ventanilla.
Harry no creía que hubiera
nada malo en no poder comprar una lechuza.
Ron se sonrojó y recibió otro
zape de parte de Harry.
Después de todo, él nunca
había tenido dinero en toda su vida, hasta un mes atrás, así que le contó a Ron
que había tenido que llevar la ropa vieja de Dudley y que nunca le hacían
regalos de cumpleaños. Eso pareció animar a Ron.
—... y hasta que Hagrid me
lo contó, yo no tenía idea de que era mago, ni sabía nada de mis padres o
Voldemort...
Ron bufó.
— ¿Qué? —dijo Harry.
—Has pronunciado el nombre
de Quien-tú-sabes —dijo Ron, tan conmocionado como impresionado—. Yo creí que
tú, entre todas las personas...
—No estoy tratando de
hacerme el valiente, ni nada por el estilo, al decir el nombre —dijo Harry—. Es
que no sabía que no debía decirlo. ¿Ves lo que te decía? Tengo muchísimas cosas
que aprender... Seguro —añadió, diciendo por primera vez en voz alta algo que
últimamente lo preocupaba mucho—, seguro que seré el peor de la clase.
—No será así. Hay mucha
gente que viene de familias muggles y aprende muy deprisa.
-Hermione -Dijeron los del
futuro, haciendo sonrojar a la castaña.
-Lily -Dijeron los del pasado y
la cara de Lily hacia competencia con su pelo.
Mientras conversaban, el
tren había pasado por campos llenos de vacas y ovejas. Se quedaron mirando un
rato, en silencio, el paisaje.
A eso de las doce y media se
produjo un alboroto en el pasillo, y una mujer de cara sonriente, con hoyuelos,
se asomó y les dijo:
— ¿Queréis algo del carrito,
guapos?
-Mm… comida -Dijeron varios.
Harry, que no había
desayunado, se levantó de un salto, pero las orejas de Ron se pusieron otra vez
coloradas y murmuró que había llevado bocadillos. Harry salió al pasillo.
Cuando vivía con los Dursley
nunca había tenido dinero para comprarse golosinas y, puesto que tenía los
bolsillos repletos de monedas de oro, plata y bronce, estaba listo para
comprarse todas las barras de chocolate que pudiera llevar. Pero la mujer no
tenía Mars. En cambio, tenía Grageas Bertie Bott de Todos los Sabores, chicle,
ranas de chocolate, empanada de calabaza, pasteles de caldero, varitas de
regaliz y otra cantidad de cosas extrañas que Harry no había visto en su vida.
Como no deseaba perderse nada, compró un poco de todo y pagó a la mujer once
sickles de plata y siete knuts de bronce.
Ron lo miraba asombrado,
mientras Harry depositaba sus compras sobre un asiento vacío.
—Tenías hambre, ¿verdad?
—Muchísima —dijo Harry,
dando un mordisco a una empanada de calabaza.
Ron había sacado un arrugado
paquete, con cuatro bocadillos. Separó uno y dijo:
—Mi madre siempre se olvida
de que no me gusta la carne en conserva.
—Te la cambio por uno de
éstos —dijo Harry, alcanzándole un pastel—. Sírvete...
—No te va a gustar, está
seca —dijo Ron—. Ella no tiene mucho tiempo —añadió rápidamente—... Ya sabes,
con nosotros cinco.
—Vamos, sírvete un pastel
—dijo Harry, que nunca había tenido nada que compartir o, en realidad, nadie
con quien compartir nada. Era una agradable sensación, estar sentado allí con
Ron, comiendo pasteles y dulces (los bocadillos habían quedado olvidados).
— ¿Qué son éstos? —Preguntó
Harry a Ron, cogiendo un envase de ranas de chocolate—. No son ranas de verdad,
¿no?—Comenzaba a sentir que nada podía sorprenderlo.
—No —dijo Ron—. Pero mira
qué cromo tiene. A mí me falta Agripa.
-¿Solo Agripa? -Preguntaron
muchos.
-En ese momento- Respondió Ron
con una sonrisa.
— ¿Qué?
—Oh, por supuesto, no debes
saber... Las ranas de chocolate llevan cromos, ya sabes, para coleccionar, de
brujas y magos famosos. Yo tengo como quinientos, pero no consigo ni a Agripa
ni a Ptolomeo.
Harry desenvolvió su rana de
chocolate y sacó el cromo. En él estaba impreso el rostro de un hombre. Llevaba
gafas de media luna, tenía una nariz larga y encorvada, cabello plateado
suelto, barba y bigotes. Debajo de la foto estaba el nombre: Albus Dumbledore.
— ¡Así que éste es
Dumbledore! —dijo Harry.
— ¡No me digas que nunca has
oído hablar de Dumbledore! —Dijo Ron—. ¿Puedo servirme una rana? Podría
encontrar a Agripa... Gracias...
Harry dio la vuelta a la
tarjeta y leyó:
Albus Dumbledore,
actualmente director de Hogwarts. Considerado por casi todo el mundo Como el
más grande mago del tiempo presente, Dumbledore es particularmente famoso por
derrotar al mago tenebroso Grindelwald en 1945, por el descubrimiento de las
doce aplicaciones de la sangre de dragón, y por su trabajo en alquimia con su
compañero Nicolás Flamel. El profesor Dumbledore es aficionado a la música de
cámara y a los bolos.
Harry dio la vuelta otra vez
al cromo y vio, para su asombro, que el rostro de Dumbledore había
desaparecido.
— ¡Ya no está!
—Bueno, no iba a estar ahí
todo el día —dijo Ron—. Ya volverá. Vaya, me ha salido otra vez Morgana y ya la
tengo seis veces repetida... ¿No la quieres? Puedes empezar a coleccionarlos.
Los ojos de Ron se perdieron
en las ranas de chocolate, que esperaban que las desenvolvieran.
—Sírvete —dijo Harry—. Pero
oye, en el mundo de los muggles la gente se queda en las fotos.
-Nunca entendí eso- Dijeron
Sirius y James. Mientras que los hijos de muggles o criados con muggles negaban
con la cabeza.
— ¿Eso hacen? Cómo, ¿no se
mueven? —Ron estaba atónito—. ¡Qué raro!
Harry miró asombrado,
mientras Dumbledore regresaba al cromo y le dedicaba una sonrisita. Ron estaba
más interesado en comer las ranas de chocolate que en buscar magos y brujas
famosos, pero Harry no podía apartar la vista de ellos. Muy pronto tuvo no sólo
a Dumbledore y Morgana, sino también a Ramón Llull, al rey Salomón, Circe,
Paracelso y Merlín. Hasta que finalmente apartó la vista de la druida Cliodna,
que se rascaba la nariz, para abrir una bolsa de grageas de todos los sabores.
—Tienes que tener cuidado
con ésas —lo previno Ron—. Cuando dice «todos los sabores», es eso lo que
quiere decir. Ya sabes, tienes todos los comunes, como chocolate, menta y
naranja, pero también puedes encontrar espinacas, hígado y callos. George dice
que una vez encontró una con sabor a duende.
Los del futuro estallaron en
carcajadas mientras Ron se sonrojaba.
-No puedo creer que hayas creído
eso -Le dijo Ginny.
Ron eligió una verde, la
observó con cuidado y mordió un pedacito.
—Puaj... ¿Ves? Coles.
Otra ronda de risas se escuchó
por todo el comedor.
Pasaron un buen rato
comiendo las grageas de todos los sabores. Harry encontró tostadas, coco,
judías cocidas, fresa, curry, hierbas, café, sardinas y fue lo bastante
valiente para morder la punta de una gris, que Ron no quiso tocar y resultó ser
pimienta.
Los Merodeadores se miraron cómplices
y empezaron a reír a carcajadas
-¿De que se ríen? -Preguntó Lily.
-Una vez… hicimos una apuesta… y el que perdía se
tenía que comer cinco grageas de pimienta -Dijo James entre risas.
-Y Peter perdió -Las risas de los Merodeadores se
multiplicaron.
-¿Qué apostaron? -Preguntaron Marlene y Lily.
-No quieren saber -Contestaron ellos.
En aquel momento, el paisaje
que se veía por la ventanilla se hacía más agreste. Habían desaparecido los
campos cultivados y aparecían bosques, ríos serpenteantes y colinas de color
verde oscuro.
Se oyó un golpe en la puerta
del compartimiento, y entró el muchacho de cara redonda que Harry había visto
al pasar por el andén nueve y tres cuartos. Parecía muy afligido.
Ron y Harry instantáneamente
miraron a Neville.
—Perdón —dijo—. ¿Por
casualidad no habréis visto un sapo?
Cuando los dos negaron con
la cabeza, gimió.
— ¡La he perdido! ¡Se me escapa
todo el tiempo!
—Ya aparecerá —dijo Harry.
—Sí —dijo el muchacho
apesadumbrado—. Bueno, si la veis...
Se fue.
—No sé por qué está tan
triste —comentó Ron—. Si yo hubiera traído un sapo lo habría perdido lo más
rápidamente posible.
-Perdón -Dijo Ron a Neville.
Aunque en realidad he traído
a Scabbers, así que no puedo hablar.
-Es verdad -Dijeron los del
futuro con cara de asco y repugnancia.
La rata seguía durmiendo en
las rodillas de Ron.
—Podría estar muerta y no
notarías la diferencia —dijo Ron con disgusto—. Ayer traté de volverla amarilla
para hacerla más interesante, pero el hechizo no funcionó. Te lo voy a enseñar,
mira...
Una ronda de risas empezó por
parte de los del futuro y el sonrojo de Ron.
Revolvió en su baúl y sacó
una varita muy gastada. En algunas partes estaba astillada y, en la punta,
brillaba algo blanco.
—Los pelos de unicornio casi
se salen. De todos modos... Acababa de coger la varita cuando la puerta del
compartimiento se abrió otra vez. Había regresado el chico del sapo, pero llevaba
a una niña con él. La muchacha ya llevaba la túnica de Hogwarts.
-Y Hermione entra en acción -Dijeron Ron y
Harry haciendo que Hermione se sonroje.
— ¿Alguien ha visto un sapo?
Neville perdió uno —dijo. Tenía voz de mandona, mucho pelo color castaño y los
dientes de delante bastante largos.
-¡Harry! -Dijo Hermione golpeándolo.
-¿Qué? Es la verdad ¡Así que no
me golpees! -Le contestó el.
—Ya le hemos dicho que no
—dijo Ron, pero la niña no lo escuchaba. Estaba mirando la varita que tenía en
la mano.
—Oh, ¿estás haciendo magia?
Entonces vamos a verlo.
Se sentó. Ron pareció
desconcertado.
—Eh... de acuerdo. —Se
aclaró la garganta—. «Rayo de sol, margaritas, volved amarilla a esta tonta
ratita.»
Una ronda de carcajadas empezó en
el comedor y Ron se sonrojó hasta las orejas.
Agitó la varita, pero no
sucedió nada. Scabbers siguió durmiendo, tan gris como siempre.
— ¿Estás seguro de que es el
hechizo apropiado? —Preguntó la niña—. Bueno, no es muy efectivo, ¿no? Yo probé
unos pocos sencillos, sólo para practicar, y funcionaron. Nadie en mi familia
es mago, fue toda una sorpresa cuando recibí mi carta, pero también estaba muy
contenta, por supuesto, ya que ésta es la mejor escuela de magia, por lo que
sé. Ya me he aprendido todos los libros de memoria, desde luego, espero que eso
sea suficiente... Yo soy Hermione Granger. ¿Y vosotros quiénes sois?
Todos en el comedor estaba
aturdido, Harry y Ron empezaron a reír.
Dijo todo aquello muy
rápidamente.
Harry miró a Ron y se calmó
al ver en su rostro aturdido que él tampoco se había aprendido todos los libros
de memoria.
-Ni nuestro querido Lunático hace
eso -Dijo Sirius haciendo que tanto Remus como Hermione se sonrojaran.
—Yo soy Ron Weasley —murmuró
Ron.
—Harry Potter —dijo Harry.
— ¿Eres tú realmente? —Dijo
Hermione—. Lo sé todo sobre ti, por supuesto, conseguí unos pocos libros extra
para prepararme más y tú figuras en Historia de la magia moderna, Defensa
contra las Artes Oscuras y Grandes eventos mágicos del siglo XX.
— ¿Estoy yo? —dijo Harry,
sintiéndose mareado.
-¿Esta el? -Preguntaron varios
señalando a Harry.
—Dios mío, no lo sabes. Yo
en tu lugar habría buscado todo lo que pudiera —dijo Hermione—. ¿Sabéis a qué
casa vais a ir? Estuve preguntando por ahí y espero estar en Gryffindor, parece
la mejor de todas. Oí que Dumbledore estuvo allí, pero supongo que Ravenclaw no
será tan mala... De todos modos, es mejor que sigamos buscando el sapo de
Neville. Y vosotros dos deberíais cambiaros ya, vamos a llegar pronto.
-Todavía no entiendo como no
entraste en Ravenclaw -Le dijo Ron.
-¿No? Si queres te cuento lo que
hicimos en 7° -Le dijo Harry y Ron hizo silencio.
Y se marchó, llevándose al
chico sin sapo.
—Cualquiera que sea la casa
que me toque, espero que ella no esté —dijo Ron. Arrojó su varita al baúl-.
Hermione le pegó a Ron en el
brazo.
Qué hechizo más estúpido, me
lo dijo George. Seguro que era falso.
-Seguro no, ERA falso -Le dijo
Ginny.
— ¿En qué casa están tus
hermanos? —preguntó Harry
—Gryffindor —dijo Ron. Otra
vez parecía deprimido—. Mamá y papá también estuvieron allí. No sé qué van a
decir si yo no estoy. No creo que Ravenclaw sea tan mala, pero imagina si me
ponen en Slytherin.
-No te pueden poner en Slytherin,
eres un Weasley -Le dijo Sirius.
— ¿Esa es la casa en la que
Vol... Quiero decir Quien-tú-sabes... estaba?
—Ajá —dijo Ron. Se echó
hacia atrás en el asiento, con aspecto abrumado.
— ¿Sabes? Me parece que las
puntas de los bigotes de Scabbers están un poco más claras —dijo Harry,
tratando de apartar la mente de Ron del tema de las casas—. Y, a propósito,
¿qué hacen ahora tus hermanos mayores?
Harry se preguntaba qué
hacía un mago, una vez que terminaba el colegio.
—Charlie está en Rumania,
estudiando dragones. Y Bill está en África, ocupándose de asuntos para
Gringotts —explicó Ron
-¿¡QUÉ COSA!? -Gritó Molly.
¿Te enteraste de lo que pasó
en Gringotts? Salió en El Profeta, pero no creo que las casas de los muggles lo
reciban: trataron de robar en una cámara de alta seguridad.
-¿Enserio? -Preguntaron varios.
-Pero en imposible robar
Gringotts -Dijo Remus. Y los del futuro se encogieron de hombros.
Harry se sorprendió.
— ¿De verdad? ¿Y qué les ha
sucedido?
—Nada, por eso son noticias
tan importantes. No los han atrapado. Mi padre dice que tiene que haber un
poderoso mago tenebroso para entrar en Gringotts, pero lo que es raro es que
parece que no se llevaron nada. Por supuesto, todos se asustan cuando sucede
algo así, ante la posibilidad de que Quien-tú-sabes esté detrás de ello.
Harry repasó las noticias en
su cabeza. Había comenzado a sentir una punzada de miedo cada vez que
mencionaban a Quien-tú-sabes. Suponía que aquello era una parte de entrar en el
mundo mágico, pero era mucho más agradable poder decir «Voldemort» sin
preocuparse.
— ¿Cuál es tu equipo de
quidditch? —preguntó Ron.
—Eh... no conozco ninguno
—confesó Harry.
— ¿Cómo? —Ron pareció
atónito—. Oh, ya verás, es el mejor juego del mundo... —Y se dedicó a
explicarle todo sobre las cuatro pelotas y las posiciones de los siete
jugadores, describiendo famosas jugadas que había visto con sus hermanos y la
escoba que le gustaría comprar si tuviera el dinero. Le estaba explicando los
mejores puntos del juego, cuando otra vez se abrió la puerta del
compartimiento, pero esta vez no era Neville, el chico sin sapo, ni Hermione
Granger.
Entraron tres muchachos, y
Harry reconoció de inmediato al del medio: era el chico pálido de la tienda de
túnicas de Madame Malkin. Miraba a Harry con mucho más interés que el que había
demostrado en el callejón Diagon.
-Apesta a Malfoy -Dijeron los
Merodeadores.
— ¿Es verdad? —preguntó—.
Por todo el tren están diciendo que Harry Potter está en este compartimento.
Así que eres tú, ¿no?
—Sí —respondió Harry.
Observó a los otros muchachos. Ambos eran corpulentos y parecían muy vulgares.
Situados a ambos lados del
chico pálido, parecían guardaespaldas.
—Oh, éste es Crabbe y éste
Goyle
-¿Quién se pudo haber casado con
Crabbe y Goyle? -Preguntó Alice asqueada.
-Matrimonio por conveniencia-
Respondió Sirius.
Dijo el muchacho pálido con
despreocupación, al darse cuenta de que Harry los miraba—. Y mi nombre es
Malfoy, Draco Malfoy
Ron dejó escapar una débil
tos, que podía estar ocultando una risita. Draco (dragón) Malfoy lo miró.
—Te parece que mi nombre es
divertido, ¿no? No necesito preguntarte quién eres. Mi padre me dijo que todos
los Weasley son pelirrojos, con pecas y más hijos que los que pueden mantener.
Arthur y los Merodeadores se
levantaron para golpear a Malfoy, pero sus esposas, novias o amigas los
detuvieron.
Se volvió hacia Harry.
—Muy pronto descubrirás que
algunas familias de magos son mucho mejores que otras, Potter. No querrás
hacerte amigo de los de la clase indebida. Yo puedo ayudarte en eso.
Extendió la mano, para
estrechar la de Harry; pero Harry no la aceptó.
—Creo que puedo darme cuenta
solo de cuáles son los indebidos, gracias —dijo con frialdad.
-¡Ese es mi hijo! -Dijo James dándole
palmadas en la espalda a Harry que sonreía.
Draco Malfoy no se ruborizó,
pero un tono rosado apareció en sus pálidas mejillas.
—Yo tendría cuidado, si
fuera tú, Potter —dijo con calma—. A menos que seas un poco más amable, vas a
ir por el mismo camino que tus padres. Ellos tampoco sabían lo que era bueno
para ellos. Tú sigue con gentuza como los Weasley y ese Hagrid y terminarás
como ellos.
Otra vez se levantaron, pero esta
vez Harry tuvo que detener a Lily con brazo y a Marlene con el otro.
Harry y Ron se levantaron al
mismo tiempo. El rostro de Ron estaba tan rojo como su pelo.
—Repite eso —dijo.
—Oh, vais a pelear con
nosotros, ¿eh? —se burló Malfoy.
—Si no os vais ahora
mismo... —dijo Harry, con más valor que el que sentía, porque Crabbe y Goyle
eran mucho más fuertes que él y Ron.
—Pero nosotros no tenemos
ganas de irnos, ¿no es cierto, muchachos? Nos hemos comido todo lo que
llevábamos y vosotros parece que todavía tenéis algo.
Goyle se inclinó para coger
una rana de chocolate del lado de Ron. El pelirrojo saltó hacia él, pero antes
de que pudiera tocar a Goyle, el muchacho dejó escapar un aullido terrible.
Scabbers, la rata, colgaba
del dedo de Goyle, con los agudos dientes clavados profundamente en sus
nudillos.
Algunas risas se escucharon en el
comedor.
Crabbe y Malfoy
retrocedieron mientras Goyle agitaba la mano para desprenderse de la rata,
gritando de dolor, hasta que, finalmente, Scabbers salió volando, chocó contra
la ventanilla y los tres muchachos desaparecieron. Tal vez pensaron que había
más ratas entre las golosinas, o quizás oyeron los pasos porque, un segundo más
tarde, Hermione Granger volvió a entrar.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó,
mirando las golosinas tiradas por el suelo y a Ron que cogía a Scabbers por la
cola.
—Creo que se ha desmayado
—dijo Ron a Harry. Miró más de cerca a la rata—. No, no puedo creerlo, ya se ha
vuelto a dormir.
Y era así.
— ¿Conocías ya a Malfoy?
Harry le explicó el
encuentro en el callejón Diagon.
—Oí hablar sobre su familia
—dijo Ron en tono lúgubre—. Son algunos de los primeros que volvieron a nuestro
lado después de que Quien-tú-sabes desapareció. Dijeron que los habían
hechizado. Mi padre no se lo cree. Dice que el padre de Malfoy no necesita una
excusa para pasarse al Lado Oscuro.
-Idiota -Dijeron James y Sirius.
Se volvió hacia Hermione—.
¿Podemos ayudarte en algo?
—Mejor que os apresuréis y
os cambiéis de ropa. Acabo de ir a la locomotora, le pregunté al conductor y me
dijo que ya casi estamos llegando. No os estaríais peleando, ¿verdad? ¡Os vais a meter en líos antes de que lleguemos!
—Scabbers se estuvo
peleando, no nosotros —dijo Ron, mirándola con rostro severo—. ¿Te importaría
salir para que nos cambiemos?
—Muy bien... Vine aquí
porque fuera están haciendo chiquilladas y corriendo por los pasillos —dijo
Hermione en tono despectivo—. A propósito, ¿te has dado cuenta de que tienes
sucia la nariz?
Ron le lanzó una mirada de
furia mientras ella salía. Harry miró por la ventanilla. Estaba oscureciendo.
Podía ver montañas y bosques, bajo un cielo de un profundo color púrpura. El
tren parecía aminorar la marcha.
Él y Ron se quitaron las
camisas y se pusieron las largas túnicas negras. La de Ron era un poco corta
para él, y se le podían ver los pantalones de gimnasia.
Una voz retumbó en el tren.
—Llegaremos a Hogwarts
dentro de cinco minutos. Por favor, dejen su equipaje en el tren, se lo
llevarán por separado al colegio.
El estómago de Harry se
retorcía de nervios y Ron, podía verlo, estaba pálido debajo de sus pecas.
-Me acuerdo que Remus estaba mas
pálido de lo normal- Dijo Sirius conteniendo la risa.
-¿Y el señor dramatismo? -Dijo
Remus -"Y si quedo con las serpientes, no, no puedo, soy demasiado guapo para
terminar ahí" -Dijo imitando a su amigos y haciendo que muchos rieran.
Llenaron sus bolsillos con
lo que quedaba de las golosinas y se reunieron con el resto del grupo que
llenaba los pasillos.
El tren aminoró la marcha,
hasta que finalmente se detuvo. Todos se empujaban para salir al pequeño y
oscuro andén. Harry se estremeció bajo el frío aire de la noche. Entonces
apareció una lámpara moviéndose sobre las cabezas de los alumnos, y Harry oyó
una voz conocida:
— ¡Primer año! ¡Los de
primer año por aquí! ¿Todo bien por ahí, Harry?
La gran cara peluda de
Hagrid rebosaba alegría sobre el mar de cabezas.
—Venid, seguidme... ¿Hay más
de primer año? Mirad bien dónde pisáis. ¡Los de primer año, seguidme!
Resbalando y a tientas,
siguieron a Hagrid por lo que parecía un estrecho sendero. Estaba tan oscuro
que Harry pensó que debía de haber árboles muy tupidos a ambos lados. Nadie
hablaba mucho. Neville, el chico que había perdido su sapo, lloriqueaba de vez
en cuando.
—En un segundo, tendréis la
primera visión de Hogwarts —exclamó Hagrid por encima del hombro—, justo al
doblar esta curva.
Se produjo un fuerte
¡ooooooh!
-¡Es hermoso! -Dijeron desde los más
grandes hasta los más chiquitos recordando su primera visión del castillo.
El sendero estrecho se abría
súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al
otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un
impresionante castillo con muchas torres y torrecillas.
— ¡No más de cuatro por
bote! —gritó Hagrid, señalando a una flota de botecitos alineados en el agua,
al lado de la orilla. Harry y Ron subieron a uno, seguidos por Neville y
Hermione.
— ¿Todos habéis subido?
—continuó Hagrid, que tenía un bote para él solo—. ¡Venga! ¡ADELANTE!
Y la pequeña flota de botes
se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que era tan liso como el
cristal. Todos estaban en silencio, contemplando el gran castillo que se
elevaba sobre sus cabezas mientras se acercaban cada vez más al risco donde se
erigía.
— ¡Bajad las cabezas!
—exclamó Hagrid, mientras los primeros botes alcanzaban el peñasco. Todos
agacharon la cabeza y los botecitos los llevaron a través de una cortina de
hiedra, que escondía una ancha abertura en la parte delantera del peñasco.
Fueron por un túnel oscuro que parecía conducirlos justo por debajo del
castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde
treparon por entre las rocas y los guijarros.
— ¡Eh, tú, el de allí! ¿Es
éste tu sapo? —dijo Hagrid, mientras vigilaba los botes y la gente que bajaba
de ellos.
— ¡Trevor! —gritó Neville,
muy contento, extendiendo las manos. Luego subieron por un pasadizo en la roca,
detrás de la lámpara de Hagrid, saliendo finalmente a un césped suave y húmedo,
a la sombra del castillo.
Subieron por unos escalones
de piedra y se reunieron ante la gran puerta de roble.
— ¿Estáis todos aquí? Tú,
¿todavía tienes tu sapo?
Hagrid levantó un gigantesco
puño y llamó tres veces a la puerta del castillo.
-Recuerdo perfectamente lo que
dijo McGonagall cuando abrió puerta -Dijo James en un suspiro.
-¡Por Merlín y Morgana! ¿Qué les
pasó? ¿Por qué están todos mojados? -Dijo Sirius imitando a su profesora.
-¿Se tiraron al lago? -Preguntó Ron
y James y Sirius asintieron.
-Nuestro primer castigo, ¡Que
recuerdos! -Dijo James haciendo reír a más de uno.
-¡Ah! Ya lo recuerdo -Dijo Marlene
entre risas.
-¿Quién es ella? -Le preguntó
Ginny a Harry.
-Marlene McKinnon -Contestó Harry,
Ginny asintió y agarró a Sirius de la oreja y se lo llevó fuera del comedor
mientras este gritaba.
-¡Hey mini-pelirroja! ¡Duele!
¡Auch! -Y distintas quejas que Ginny parecía no escuchar.
-¿Y a ella que le pico? -Preguntó
James a Harry que solo se encogió de hombros.
Mientras tanto con Sirius y Ginny…
-¿Qué pasa? -Preguntó Sirius
sobandose la oreja.
-Una vez, hace un par de años te
quedaste dormido en un sillón y dormido murmurabas el nombre Marlene -Ante tal
confesión Sirius se puso pálido -Luego cunado te levantaste te pregunté quien
era y me dijiste que había sido novia tuya en seto pero que luego se separaron
por una idiotez, Sirius… ¡No la dejes ir! ¡Te vas a arrepentir! Cuando tengamos
un tiempo libre anda a hablar con ella -Sirius asintió y Ginny lo abrazó.
-Gracias mini-pelirroja -Le susurró
el.
-Por nada -Le contestó ella con una sonrisa
No hay comentarios:
Publicar un comentario