-Bien, un capitulo mas y a dormir -Dijo McGonagall
cuando Ginny y Sirius entraron en el comedor.
Ginny se levantó y agarró el libro lo abrió y la
nube violeta volvió a aparecer dejando a la vista a un pelirrojo alto con ojos
azules y pecas, que cargaba a un bebe de apenas un año de cabello azul
electrico haciendo que los del futuro empalidecieran, cosa que nadie noto.
-Antes de que empiecen a chillar y si Harry lo digo
por vos -Dijo haciendo que algunos larguen algunas risitas- No lo podían cuidar
y no tuve otra que traerlo, así que niño arcoiris puedes ir con tu padrino
-Dijo bajando al niño que como pudo llego caminando a donde estaba Harry que lo
levantó- Ahora si ¡Hola! Soy George Weasley -Sus padres sonrieron y se besaron
y los Merodeadores compartieron miradas complices.
-¿Tenes un ahijado? -Preguntó James a su hijo.
-Si -Dijo Harry cuando salió de sus pensamientos
-El es Ted -Dijo mostrando al peli-azul de ojos castaños.
-¡Se llama como mi papá! -Dijo Tonks y los del
futuro sonrieron forzadamente y asintieron.
-¿Leemos? -Preguntó Ginny para sacarlos del aprieto
y todos asintieron.
-Maina -Dijo Teddy bajandose del regazo de Harry y
yendo con Ginny que lo agarró.
-¿Es tu ahijado también? -Preguntó Lily a lo que
Ginny solo asintió.
Capítulo 7: El sombrero
seleccionador.
Harry se removio incomodo en su
asiento cosa que solo Lily noto.
La puerta se abrió de
inmediato. Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda, esperaba
allí. Tenía un rostro muy severo, y el primer pensamiento de Harry fue que se
trataba de alguien con quien era mejor no tener problemas.
-Nosotros
pensamos lo mismo, pero no le hicimos caso a nuestros pensamientos -Dijeron
James y Sirius haciendo que todos rieran a carcajadas.
—Los de primer año,
profesora McGonagall —dijo Hagrid.
—Muchas gracias, Hagrid. Yo los
llevaré desde aquí.
Abrió bien la puerta. El
vestíbulo de entrada era tan grande que hubieran podido meter toda la casa de
los Dursley en él. Las paredes de piedra estaban iluminadas con
resplandecientes antorchas como las de Gringotts, el techo era tan alto que no
se veía y una magnífica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los
pisos superiores.
Siguieron a la profesora
McGonagall a través de un camino señalado en el suelo de piedra. Harry podía
oír el ruido de cientos de voces, que salían de un portal situado a la derecha
(el resto del colegio debía de estar allí), pero la profesora McGonagall llevó
a los de primer año a una pequeña habitación vacía, fuera del vestíbulo. Se
reunieron allí, más cerca unos de otros de lo que estaban acostumbrados,
mirando con nerviosismo a su alrededor.
—Bienvenidos a Hogwarts
—dijo la profesora McGonagall—. El banquete de comienzo de año se celebrará
dentro de poco, pero antes de que ocupéis vuestros lugares en el Gran Comedor
deberéis ser seleccionados para vuestras casas. La Selección es una ceremonia
muy importante porque, mientras estéis aquí, vuestras casas serán como vuestra
familia en Hogwarts.
-Ni que lo digan- Dijeron muchos.
Tendréis clases con el resto
de la casa que os toque, dormiréis en los dormitorios de vuestras casas y
pasaréis el tiempo libre en la sala común de la casa.
»Las cuatro casas se llaman
Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Cada casa tiene su propia noble
historia y cada una ha producido notables brujas y magos.
-Todas excepto Slytherin -Dijeron
James, Sirius y George que se sonrieron.
Mientras estéis en Hogwarts,
vuestros triunfos conseguirán que las casas ganen puntos, mientras que
cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan.
-Nosotros perdemos puntos y la pelirroja
los recupera -Dijo Sirius haciendo reír a algunos Gryffindor y ganandose un
golpe de Lily.
Al finalizar el año, la casa
que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un gran honor.
Espero que todos vosotros seáis un orgullo para la casa que os toque.
-No hace falta que lo digan, lo
sabemos -Dijo James con una sonrisa arrogante haciendo que muchos rueden los
ojos.
»La Ceremonia de Selección
tendrá lugar dentro de pocos minutos, frente al resto del colegio. Os sugiero
que, mientras esperáis, os arregléis lo mejor posible.
Los ojos de la profesora se
detuvieron un momento en la capa de Neville, que estaba atada bajo su oreja
izquierda, y en la nariz manchada de Ron.
Con nerviosismo, Harry trató
de aplastar su cabello.
-Nunca diría nada por el
cabello de un Potter, es imposible -Dijo McGonagall viendo a ambos Potter.
-Ni que lo diga -Dijeron los
amigos de padre e hijo y ellos solo se hicieron los ofendidos.
—Volveré cuando lo tengamos
todo listo para la ceremonia —dijo la profesora McGonagall—. Por favor, esperad
tranquilos.
Salió de la habitación.
Harry tragó con dificultad.
— ¿Cómo se las arreglan
exactamente para seleccionarnos? —preguntó a Ron.
—Creo que es una especie de
prueba. Fred dice que duele mucho, pero creo que era una broma.
Todos empezaron a reír pero nadie
mas fuerte que George mientras que Ron se sonrojaba.
-No puedo creer que te lo creas.
El corazón de Harry dio un
terrible salto. ¿Una prueba? ¿Delante de todo el colegio? Pero él no sabía nada
de magia todavía... ¿Qué haría? No esperaba algo así, justo en el momento en
que acababan de llegar. Miró temblando a su alrededor y vio que los demás
también parecían aterrorizados. Nadie hablaba mucho, salvo Hermione Granger,
que susurraba muy deprisa todos los hechizos que había aprendido y se
preguntaba cuál necesitaría.
Ahora Hermione se sonrojo.
Harry intentó no escucharla.
Nunca había estado tan nervioso, nunca, ni siquiera cuando tuvo que llevar a
los Dursley un informe del colegio que decía que él, de alguna manera, había
vuelto azul la peluca de su maestro.
-Broma Merodeadora -Dijeron los
tres amigos.
-Magia accidental -Dijeron Harry
y Lily que se sonrieron.
Mantuvo los ojos fijos en la
puerta. En cualquier momento, la profesora McGonagall regresaría y lo llevaría
a su juicio final.
-Exagerado -dijeron la mayoría.
Entonces sucedió algo que le
hizo dar un salto en el aire... Muchos de los que estaban atrás gritaron.
— ¿Qué es...?
-Los fantasmas -Fue lo que se
escuchó en el comedor.
Resopló. Lo mismo hicieron
los que estaban alrededor. Unos veinte fantasmas acababan de pasar a través de
la pared de atrás. De un color blanco perla y ligeramente transparentes, se
deslizaban por la habitación, hablando unos con otros, casi sin mirar a los de
primer año. Por lo visto, estaban discutiendo.
El que parecía un monje
gordo y pequeño, decía:
—Perdonar y olvidar. Yo digo
que deberíamos darle una segunda oportunidad...
—Mi querido Fraile, ¿no le
hemos dado a Peeves todas las oportunidades que merece? Nos ha dado mala fama a
todos y, usted lo sabe, ni siquiera es un fantasma de verdad... ¿Y qué estáis
haciendo todos vosotros aquí?
El fantasma, con gorguera y
medias, se había dado cuenta de pronto de la presencia de los de primer año.
Nadie respondió.
— ¡Alumnos nuevos! —Dijo el
Fraile Gordo, sonriendo a todos—. Estáis esperando la selección, ¿no?
Algunos asintieron.
— ¡Espero veros en
Hufflepuff!—continuó el Fraile—. Mi antigua casa, ya sabéis.
—En marcha —dijo una voz
aguda—. La Ceremonia de Selección va a comenzar.
La profesora McGonagall
había vuelto. Uno a uno, los fantasmas flotaron a través de la pared opuesta.
—Ahora formad una hilera
—dijo la profesora a los de primer año— y seguidme.
Con la extraña sensación de
que sus piernas eran de plomo, Harry se puso detrás de un chico de pelo claro,
con Ron tras él. Salieron de la habitación, volvieron a cruzar el vestí-bulo,
pasaron por unas puertas dobles y entraron en el Gran Comedor.
Muchos se quedaron recordando
como había sido la primera vez que vieron el comedor.
Harry nunca habría imaginado
un lugar tan extraño y espléndido. Estaba iluminado por miles y miles de velas,
que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas, donde los demás estudiantes
ya estaban sentados. En las mesas había platos, cubiertos y copas de oro. En
una tarima, en la cabecera del comedor, había otra gran mesa, donde se sentaban
los profesores. La profesora McGonagall condujo allí a los alumnos de primer
año y los hizo detener y formar una fila delante de los otros alumnos, con los
profesores a sus espaldas. Los cientos de rostros que los miraban parecían
pálidas linternas bajo la luz brillante de las velas. Situados entre los
estudiantes, los fantasmas tenían un neblinoso brillo plateado. Para evitar
todas las miradas, Harry levantó la vista y vio un techo de terciopelo negro,
salpicado de estrellas. Oyó susurrar a Hermione: «Es un hechizo para que
parezca como el cielo de fuera, lo leí en la historia de Hogwarts».
-Creo que Hermione, la pelirroja
y Lunático son los unicos que leyeron ese libro -Dijo Sirius ganandose un golpe
de los tres.
Era difícil creer que allí
hubiera techo y que el Gran Comedor no se abriera directamente a los cielos.
Harry bajó la vista
rápidamente, mientras la profesora McGonagall ponía en silencio un taburete de
cuatro patas frente a los de primer año. Encima del taburete puso un sombrero
puntiagudo de mago. El sombrero estaba remendado, raído y muy sucio. Tía
Petunia no lo habría admitido en su casa.
Tal vez tenían que intentar
sacar un conejo del sombrero, pensó Harry algo irreflexivamente, eso era lo
típico de...
Risas de los hijos de muggles se
escuchó por el comedor.
Al darse cuenta de que todos
los del comedor contemplaban el sombrero, Harry también lo hizo. Durante unos
pocos segundos, se hizo un silencio completo. Entonces el sombrero se movió.
Una rasgadura cerca del borde se abrió, ancha como una boca, y el sombrero
comenzó a cantar:
Oh, podrás pensar que no soy
bonito,
Pero no juzgues por lo que
ves.
Me comeré a mí mismo si
puedes encontrar
Un sombrero más inteligente
que yo.
Puedes tener bombines
negros,
Sombreros altos y elegantes.
Pero yo soy el Sombrero
Seleccionador de Hogwarts
Y puedo superar a todos.
No hay nada escondido en tu
cabeza
Que el Sombrero
Seleccionador no pueda ver.
Así que pruébame
Y te diré dónde debes estar.
Puedes pertenecer a
Gryffindor,
Donde habitan los valientes.
Su osadía, temple y
caballerosidad
Ponen aparte a los de
Gryffindor.
Puedes pertenecer a
Hufflepuff
Donde son justos y leales.
Esos perseverantes
Hufflepuff
De verdad no temen el
trabajo pesado.
O tal vez a la antigua
sabiduría de Ravenclaw,
Si tienes una mente
dispuesta,
Porque los de inteligencia y
erudición
Siempre encontrarán allí a
sus semejantes.
O tal vez en Slytherin
Harás tus verdaderos amigos.
Esa gente astuta utiliza
cualquier medio
Para lograr sus fines.
¡Así que pruébame! ¡No
tengas miedo!
¡Y no recibirás una
bofetada!
Estás en buenas manos
(aunque yo no las tenga).
Porque soy el Sombrero
Pensante.
Todo el comedor estalló en
aplausos cuando el sombrero terminó su canción. Éste se inclinó hacia las
cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez.
— ¡Entonces sólo hay que
probarse el sombrero! —Susurró Ron a Harry—. Voy a matar a Fred.
Los del futuro se tensaron y
dirijeron su vista a George que solo bajó la mirada.
Harry sonrió débilmente. Sí,
probarse el sombrero era mucho mejor que tener que hacer un encantamiento, pero
habría deseado no tener que hacerlo en presencia de todos. El sombrero parecía
exigir mucho, y Harry no se sentía valiente ni ingenioso ni nada de eso, por el
momento. Si el sombrero hubiera mencionado una casa para la gente que se sentía
un poco indispuesta, ésa habría sido la suya.
La profesora McGonagall se
adelantaba con un gran rollo de pergamino.
—Cuando yo os llame,
deberéis poneros el sombrero y sentaros en el taburete para que os seleccionen
—dijo—. ¡Abbott, Hannah!
Neville sonrío.
Una niña de rostro rosado y
trenzas rubias salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los
ojos, y se sentó. Un momento de pausa.
— ¡HUFFLEPUFF!—gritó el
sombrero.
La mesa amarilla aplaudió.
La mesa de la derecha
aplaudió mientras Hannah iba a sentarse con los de Hufflepuff. Harry vio al
fantasma del Fraile Gordo saludando con alegría a la niña.
— ¡Bones, Susan!
— ¡HUFFLEPUFF! —gritó otra vez
el sombrero, y Susan se apresuró a sentarse al lado de Hannah.
Otra vez los tejones aplaudieron.
— ¡Boot, Terry!
— ¡RAVENCLAW!
Ahora fue el turno de la mesa
azul aplaudir.
La segunda mesa a la
izquierda aplaudió esta vez. Varios Ravenclaws se levantaron para estrechar la
mano de Terry, mientras se reunía con ellos.
Brocklehurst, Mandy también
fue a Ravenclaw, pero Brown, Lavender resultó la primera nueva Gryffindor, en
la mesa más alejada de la izquierda, que estalló en vivas. Harry pudo ver a los
hermanos gemelos de Ron, silbando.
George sonrío con nostalgia.
Bulstrode,
Millicent fue a Slytherin. Tal vez era la imaginación de Harry; después de
todo lo que había oído sobre Slytherin, pero le pareció que era un grupo
desagradable.
Todos los Slytherin lo miraron
mal mientras que las otras tres casas le daban la razón.
Comenzaba a sentirse
decididamente mal. Recordó lo que pasaba en las clases de gimnasia de su
antiguo colegio, cuando se escogían a los jugadores para los equipos. Siempre
había sido el último en ser elegido, no porque fuera malo, sino porque nadie
deseaba que Dudley pensara que lo querían.
— ¡Finch-Fletchley, Justin!
— ¡HUFFLEPUFF!
Harry notó que, algunas
veces, el sombrero gritaba el nombre de la casa de inmediato, pero otras
tardaba un poco en decidirse.
—Finnigan, Seamus. —El muchacho
de cabello arenoso, que estaba al lado de Harry en la fila, estuvo sentado un
minuto entero, antes de que el sombrero lo declarara un Gryffindor.
—Granger, Hermione.
Hermione casi corrió hasta
el taburete y se puso el sombrero, muy nerviosa.
— ¡GRYFFINDOR! —gritó el
sombrero. Ron gruñó.
Ron recibió un golpe de Hermione
mientras que la mesa escarlata aplaudía.
Un horrible pensamiento
atacó a Harry, uno de aquellos horribles pensamientos que aparecen cuando uno
está muy intranquilo. ¿Y si a él no lo elegían para ninguna casa? ¿Y si se
quedaba sentado con el sombrero sobre los ojos, durante horas, hasta que la
profesora McGonagall se lo quitara de la cabeza para decirle que era evidente
que se habían equivoca-do y que era mejor que volviera en el tren?
-Me pasó lo mismo -Dijo James.
Cuando Neville Longbottom,
el chico que perdía su sapo, fue llamado, se tropezó con el taburete. El
sombrero tardó un largo rato en decidirse. Cuando finalmente gritó:
¡GRYFFINDOR!, Neville salió corriendo, todavía con el sombrero puesto y tuvo
que devolverlo, entre las risas de todos, a McDougal, Morag.
Neville se sonrojo y Alice y
Frank sonrieron.
Malfoy se adelantó al oír su
nombre y de inmediato obtuvo su deseo: el sombrero apenas tocó su cabeza y
gritó: ¡SLYTHERIN!
-Era de esperar -Dijeron muchos.
Malfoy fue a reunirse con
sus amigos Crabbe y Goyle, con aire de satisfacción.
Ya no quedaba mucha gente.
Moon... Nott... Parkinson...
-Nott y Parkinson Slytherins
-Dijo Sirius con cara de asco.
Después unas gemelas, Patil
y Patil... Más tarde Perks, Sally-Anne... y, finalmente:
— ¡Potter; Harry!
Mientras Harry se
adelantaba, los murmullos se extendieron súbitamente como fuegos artificiales.
—¿Ha
dicho Potter?
—¿Ese
Harry Potter?
-No, es Merlín -Dijo James con
sarcasmo.
Lo último que Harry vio,
antes de que el sombrero le tapara los ojos, fue el comedor lleno de gente que
trataba de verlo bien. Al momento siguiente, miraba el oscuro interior del
sombrero. Esperó.
—Mm —dijo una vocecita en su
oreja—. Difícil. Muy difícil. Lleno de valor, lo veo. Tampoco la mente es mala.
Hay talento, oh vaya, sí, y una buena disposición para probarse a sí mismo,
esto es muy interesante... Entonces, ¿dónde te pondré?
Harry se aferró a los bordes
del taburete y pensó: «En Slytherin no, en Slytherin no».
—En Slytherin no, ¿eh? —Dijo
la vocecita—. ¿Estás seguro?
-¿¡QUÉ!? -Gritaron los
Merodeadores.
Podrías ser muy grande,
sabes, lo tienes todo en tu cabeza y Slytherin te ayudaría en el camino hacia
la grandeza. No hay dudas, ¿verdad? Bueno, si estás seguro, mejor que seas
¡GRYFFINDOR!
Los Merodeadores suspiraron
aliviados y luego acompañaron en los aplausos.
Harry oyó al sombrero gritar
la última palabra a todo el comedor. Se quitó el sombrero y anduvo, algo
mareado, hacia la mesa de Gryffindor. Estaba tan aliviado de que lo hubiera
elegido y no lo hubiera puesto en Slytherin, que casi no se dio cuenta de que
recibía los saludos más calurosos hasta el momento. Percy el prefecto se puso
de pie y le estrechó la mano vigorosamente, mientras los gemelos Weasley gritaban:
« ¡Tenemos a Potter! ¡Tenemos a Potter!».
Harry miró a George con una
sonrisa que solo suspiró y se la devolvió lo mejor que pudo.
Harry se sentó en el lado
opuesto al fantasma que había visto antes. Éste le dio una palmada en el brazo,
dándole la horrible sensación de haberlo metido en un cubo de agua helada.
-Es peor cuando te atraviesan
-Dijeron muchos estremeciendose.
Podía ver bien la Mesa Alta.
En la punta, cerca de él, estaba Hagrid, que lo miró y levantó los pulgares.
Harry le sonrió. Y allí, en el centro de la Mesa Alta, en una gran silla de
oro, estaba sentado Albus Dumbledore. Harry lo reconoció de inmediato, por el
cromo de las ranas de chocolate. El cabello plateado de Dumbledore era lo único
que brillaba tanto como los fantasmas.
-No sabía que mi barba brillara
tanto -Dijo el director en tono divertido causando risas en todo el comedor.
Harry también vio al
profesor Quirrell, el nervioso joven del Caldero Chorreante. Estaba muy
extravagante, con un gran turbante púrpura.
Y ya quedaban solamente tres
alumnos para seleccionar. A Turpin, Lisa le tocó Ravenclaw, y después le llegó
el turno a Ron. Tenía una palidez verdosa y Harry cruzó los dedos debajo de la
mesa. Un segundo más tarde, el sombrero gritó: ¡GRYFFINDOR!
La mesa escarlata volvió a
aplaudir.
Harry aplaudió con fuerza,
junto con los demás, mientras que Ron se desplomaba en la silla más próxima.
—Bien hecho, Ron, excelente
—dijo pomposamente Percy Weasley, por encima de Harry, mientras que Zabini,
Blaise era seleccionado para Slytherin. La profesora McGonagall enrolló el
pergamino y se llevó el Sombrero Seleccionador.
Harry miró su plato de oro
vacío. Acababa de darse cuenta de lo hambriento que estaba. Los pasteles le
parecían algo del pasado.
Albus Dumbledore se había
puesto de pie. Miraba con expresión radiante a los alumnos, con los brazos muy
abiertos, como si nada pudiera gustarle más que verlos allí.
— ¡Bienvenidos! —dijo—.
¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete,
quiero deciros unas pocas palabras. Y aquí están, ¡Papanatas! ¡Llorones!
¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!
En el comedor muchos rieron por
el discurso de su chiflado director que solos sonreía.
Se volvió a sentar. Todos
aplaudieron y vitorearon. Harry no sabía si reír o no.
—Está... un poquito loco,
¿no? —preguntó con aire inseguro a Percy.
— ¿Loco? —Dijo Percy con
frivolidad—. ¡Es un genio! ¡El mejor mago del mundo! Pero está un poco loco,
sí. ¿Patatas, Harry?
Harry se quedó con la boca
abierta. Los platos que había frente a él de pronto estuvieron llenos de
comida. Nunca había visto tantas cosas que le gustara comer sobre una mesa:
carne asada, pollo asado, chuletas de cerdo y de ternera, salchichas, tocino y
filetes, patatas cocidas, asadas y fritas, pudín, guisantes, zanahorias, salsa
de carne, salsa de tomate y, por alguna extraña razón, bombones de menta.
A mas de uno se le caía la baba.
-¡Acabaron de cenar! -Gritaron
varias mujeres.
Los Dursley nunca habían
matado de hambre a Harry, pero tampoco le habían permitido comer todo lo que
quería.
Lily bajó la mirada y Harry la
abrazó.
Dudley siempre se servía lo
que Harry deseaba, aunque no le gustara. Harry llenó su plato con un poco de
todo, salvo los bombones de menta, y comenzó a comer. Todo estaba delicioso.
—Eso tiene muy buen aspecto
—dijo con tristeza el fantasma de la gola, observando a Harry mientras éste
cortaba su filete.
— ¿No puede...?
—No he comido desde hace
unos cuatrocientos años —dijo el fantasma—. No lo necesito, por supuesto, pero
uno lo echa de menos. Creo que no me he presentado, ¿verdad? Sir Nicholas de
Mimsy-Porpington a su servicio. Fantasma Residente de la Torre de Gryffindor.
— ¡Yo sé quién es usted!
—Dijo súbitamente Ron—. Mi hermano me lo contó. ¡Usted es Nick Casi Decapitado!
—Yo preferiría que me llamaran
Sir Nicholas de Mimsy... —comenzó a decir el fantasma con severidad, pero lo
interrumpió Seamus Finnigan, el del pelo color arena.
— ¿Casi Decapitado? ¿Cómo se
puede estar casi decapitado?
Muchos se estremecieron al
recordar al fantasma, pero en especial los Gryffindor.
Sir Nicholas pareció muy
molesto, como si su conversación no resultara como la había planeado.
—Así —dijo enfadado. Se
agarró la oreja izquierda y tiró. Teda su cabeza se separó de su cuello y cayó
sobre su hombro, como si tuviera una bisagra. Era evidente que alguien había
tratado de decapitarlo, pero que no lo había hecho bien.
-Cuarenta y cinco hachazos -Dijo
Harry y muchos se volvieron a estremecer.
Pareció complacido ante las
caras de asombro y volvió a ponerse la cabeza en su sitio, tosió y dijo: ¡Así
que nuevos Gryffindor! Espero que este año nos ayudéis a ganar el campeonato
para la casa. Gryffindor nunca ha estado tanto tiempo sin ganar. ¡Slytherin ha
ganado la copa seis veces seguidas!
-¿¡Seis veces!? -Se
escandalizaron los Gryffindor, mientras que los Slytherin sonreían
arrogantemente.
-Y desde ese año no perdimos
ninguna copa -Dijo Harry con una sonrisa de orgullo.
El Barón Sanguinario se ha
vuelto insoportable... Él es el fantasma de Slytherin.
Harry miró hacia la mesa de
Slytherin y vio un fantasma horrible sentado allí, con ojos fijos y sin
expresión, un rostro demacrado y las ropas manchadas de sangre plateada.
Estaba justo al lado de
Malfoy que, como Harry vio con mucho gusto, no parecía muy contento con su
presencia.
— ¿Cómo es que está todo
lleno de sangre? —preguntó Seamus con gran interés.
—Nunca se lo he preguntado
—dijo con delicadeza Nick Casi Decapitado.
-Siempre me he preguntado lo
mismo -Murmuraron muchos.
Cuando hubieron comido todo
lo que quisieron, los restos de comida desaparecieron de los platos, dejándolos
tan limpios como antes. Un momento más tarde aparecieron los postres. Trozos de
helados de todos los gustos que uno se pudiera imaginar; pasteles de manzana,
tartas de melaza, relámpagos de chocolate, rosquillas de mermelada, bizcochos
borrachos, fresas, jalea, arroz con leche...
Mientras Harry se servía una
tarta, la conversación se centró en las familias.
—Yo soy mitad y mitad —dijo
Seamus—. Mi padre es muggle. Mamá no le dijo que era una bruja hasta que se
casaron. Fue una sorpresa algo desagradable para él.
Los demás rieron.
— ¿Y tú, Neville? —dijo Ron.
—Bueno, mi abuela me crió y
ella es una bruja
-¿Por qué vives con mi madre? -Preguntó
Frank preocupado.
-Prefiero que lo lean -murmuro Neville
mientras era reconfortado por sus amigos.
—dijo Neville—, pero la
familia creyó que yo era todo un muggle, durante años. Mi tío abuelo Algie
trataba de sorprenderme des-cuidado y forzarme a que saliera algo de magia de
mí. Una vez casi me ahoga, cuando quiso tirarme al agua en el puerto de
Blackpool, pero no pasó nada hasta que cumplí ocho años. El tío abuelo Algie
había ido a tomar el té y me tenía cogido de los tobillos y colgando de una
ventana del piso de arriba, cuando mi tía abuela Enid le ofreció un merengue y
él, accidentalmente, me soltó. Pero yo reboté, todo el camino, en el jardín y
la calle. Todos se pusieron muy contentos. Mi abuela estaba tan feliz que
lloraba. Y tendríais que haber visto sus caras cuando vine aquí. Creían que no
sería tan mágico como para venir. El tío abuelo Algie estaba tan contento que
me compró mi sapo.
-Conmigo hizo lo mismo -Dijo Frank.
Al otro lado de Harry, Percy
Weasley y Hermione estaban hablando de las clases. («Espero que empiecen en
seguida, hay mucho que aprender; yo estoy particularmente interesada en
Transformaciones, ya sabes, convertir algo en otra cosa, por supuesto parece
ser que es muy difícil. Hay que empezar con cosas pequeñas, como cerillas en y
todo eso...»)
-Parecen Lunático -Dijeron los
otros dos Merodeadores ganandose un golpe de un muy sonrojado Remus.
Harry, que comenzaba a
sentirse reconfortado y somnoliento, miró otra vez hacia la Mesa Alta. Hagrid
bebía copiosamente de su copa. La profesora McGonagall hablaba con el profesor
Dumbledore. El profesor Quirrell, con su absurdo turbante, conversaba con un
profesor de grasiento pelo negro, nariz ganchuda y piel cetrina.
-Un segundo…- Dijo Sirius.
-¡Quejicus! -Gritaron los dos
amigos.
-¡Como le hagas algo a mi hijo,
te las veras conmigo! -Dijeron James y Lily, mientras Harry los miraba
sonriendo.
Todo sucedió muy
rápidamente. El profesor de nariz ganchuda miró por encima del turbante de
Quirrell, directamente a los ojos de Harry... y un dolor agudo golpeó a Harry
en la cicatriz de la frente.
-Voldemort -Susurró Harry.
— ¡Ay! —Harry se llevó una
mano a la cabeza.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó
Percy
—N-nada.
El dolor desapareció tan
súbitamente como había aparecido. Era difícil olvidar la sensación que tuvo
Harry cuando el profesor lo miró, una sensación que no le gustó en absoluto.
— ¿Quién es el que está
hablando con el profesor Quirrell? —preguntó a Percy.
—Oh, ¿ya conocías a
Quirrell, entonces? No es raro que parezca tan nervioso, ése es el profesor
Snape. Su materia es Pociones, pero no le gusta... Todo el mundo sabe que
quiere el puesto de Quirrell. Snape sabe muchísimo sobre las Artes Oscuras.
Los Merodeadores y Lily gruñeron.
Harry vigiló a Snape durante
un rato, pero el profesor no volvió a mirarlo.
Por último, también
desaparecieron los postres, y el profesor Dumbledore se puso nuevamente de pie.
Todo el salón permaneció en silencio.
—Ejem... sólo unas pocas
palabras más, ahora que todos hemos comido y bebido. Tengo unos pocos anuncios
que haceros para el comienzo del año.
»Los de primer año debéis
tener en cuenta que los bosques del área del castillo están prohibidos para
todos los alumnos. Y unos pocos de nuestros antiguos alumnos también deberán
recordarlo.
Los ojos relucientes de
Dumbledore apuntaron en dirección a los gemelos Weasley.
-Profesor ¡Nos reemplazó! -Dijeron
James y Sirius cual nene chiquito a un muy divertido Dumbledore, cuando adoraba
a esos alumnos, y el futuro que les tenía que tocar.
—El señor Filch, el celador,
me ha pedido que os recuerde que no debéis hacer magia en los recreos ni en los
pasillos.
»Las pruebas de quidditch
tendrán lugar en la segunda semana del curso. Los que estén interesados en
jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la señora
Hooch.
»Y por último, quiero
deciros que este año el pasillo del tercer piso, del lado derecho, está fuera
de los límites permitidos para todos los que no deseen una muerte muy dolorosa.
Algunos se tensaron.
Harry rió, pero fue uno de
los pocos que lo hizo.
— ¿Lo decía en serio?
—murmuró a Percy.
—Eso creo —dijo Percy,
mirando ceñudo a Dumbledore—. Es raro, porque habitualmente nos dice el motivo
por el que no podemos ir a algún lugar. Por ejemplo, el bosque está lleno de
animales peligrosos, todos lo saben. Creo que, al menos, debió avisarnos a
nosotros, los prefectos.
-Pomposo -Dijeron George y Ron.
— ¡Y ahora, antes de que
vayamos a acostarnos, cantemos la canción del colegio! —exclamó Dumbledore.
Harry notó que las sonrisas de los otros profesores se habían vuelto algo
forzadas.
Dumbledore agitó su varita,
como si tratara de atrapar una mosca, y una larga tira dorada apareció, se
elevó sobre las mesas, se agitó como una serpiente y se transformó en palabras.
— ¡Que cada uno elija su
melodía favorita! —Dijo Dumbledore—. ¡Y allá vamos!
Y todo el colegio vociferó:
Hogwarts, Hogwarts,
Hogwarts,
Enséñanos algo, por favor.
Aunque seamos viejos y
calvos
O jóvenes con rodillas
sucias,
Nuestras mentes pueden ser
llenadas
Con algunas materias
interesantes.
Porque ahora están vacías y
llenas de aire,
Pulgas muertas y un poco de
pelusa.
Así que enséñanos cosas que
valga la pena saber,
Haz que recordemos lo que
olvidamos,
Hazlo lo mejor que puedas,
nosotros haremos el resto,
Y aprenderemos hasta que
nuestros cerebros se consuman.
Cada uno terminó la canción
en tiempos diferentes. Al final, sólo los gemelos Weasley seguían cantando, con
la melodía de una lenta marcha fúnebre.
-¡Nosotros lo hacemos igual! -Dijeron
los Merodeadores entre risas y George miraba con aire nostalgico a James y
Sirius, lo hacían acordar a el y Fred…
De pronto sintió que alguien lo
abrazaba y vio a Ginny, que había dejado el libro.
-Gracias hermanita -Le susurró
George.
-Por nada -Ginny le dio un beso
en la mejilla y siguió leyendo.
Dumbledore los dirigió hasta
las últimas palabras, con su varita y, cuando terminaron, fue uno de los que
aplaudió con más entusiasmo.
— ¡Ah, la música! —Dijo,
enjugándose los ojos—. ¡Una magia más allá de todo lo que hacemos aquí! Y
ahora, es hora de ir a la cama. ¡Salid al trote!
Los de primer año de
Gryffindor siguieron a Percy a través de grupos bulliciosos, salieron del Gran
Comedor y subieron por la escalera de mármol. Las piernas de Harry otra vez
parecían de plomo, pero sólo por el exceso de cansancio y comida. Estaba tan
dormido que ni se sorprendió al ver que la gente de los retratos, a lo largo de
los pasillos, susurraba y los señalaba al pasar; o cuando Percy en dos
oportunidades los hizo pasar por puertas ocultas detrás de paneles corredizos y
tapices que colgaban de las paredes. Subieron más escaleras, bostezando y
arrastrando los pies y, cuando Harry comenzaba a preguntarse cuánto tiempo más
deberían seguir, se detuvieron súbitamente.
Unos bastones flotaban en el
aire, por encima de ellos, y cuando Percy se acercó comenzaron a caer contra
él.
Los Merodeadores y George
sonrieron.
—Peeves —susurró Percy a los
de primer año—. Es un duende, lo que en las películas llaman poltergeist.
—Levantó la voz—: Peeves, aparece.
La respuesta fue un ruido
fuerte y grosero, como si se desinflara un globo.
— ¿Quieres que vaya a buscar
al Barón Sanguinario?
Se produjo un chasquido y un
hombrecito, con ojos oscuros y perversos y una boca ancha, apareció, flotando
en el aire con las piernas cruzadas y empuñando los bastones.
— ¡Ooooooh! —Dijo, con un
maligno cacareo—. ¡Los horribles novatos! ¡Qué divertido!
De pronto se abalanzó sobre
ellos. Todos se agacharon.
—Vete, Peeves, o el Barón se
enterará de esto. ¡Lo digo en serio! —gritó enfadado Percy
Peeves hizo sonar su lengua
y desapareció, dejando caer los bastones sobre la cabeza de Neville.
Lo oyeron alejarse con un
zumbido, haciendo resonar las armaduras al pasar.
—Tenéis que tener cuidado
con Peeves —dijo Percy, mientras seguían avanzando—. El Barón Sanguinario es el
único que puede controlarlo, ni siquiera nos escucha a los prefectos. Ya
llegamos.
-A nosotros nos hizo caso
¿Recuerdan? -Dijo George mirando a sus hermanos y cuñado que asintieron con una
sonrisa.
Al final del pasillo colgaba
un retrato de una…
-¡No lo digas! -Gritaron todos
los Gryffindor.
— ¿Santo y seña? —preguntó.
—Caput draconis —dijo Percy,
y el retrato se balanceó hacia delante y dejó ver un agujero redondo en la
pared. Todos se amontonaron para pasar (Neville necesitó ayuda) y se
encontraron en la sala común de Gryffindor; una habitación redonda y acogedora,
llena de cómodos sillones.
-Amo la sala común -Dijeron la
mayoría de los Gryffindor.
Percy condujo a las niñas a
través de una puerta, hacia sus dormitorios, y a los niños por otra puerta. Al
final de una escalera de caracol (era evidente que estaban en una de las torres)
encontraron, por fin, sus camas, cinco camas con cuatro postes cada una y
cortinas de terciopelo rojo oscuro. Sus baúles ya estaban allí. Demasiado
cansados para conversar, se pusieron sus pijamas y se metieron en la cama.
—Una comida increíble, ¿no?
—Murmuró Ron a Harry, a través de las cortinas—. ¡Fuera, Scabbers! Te estás
comiendo mis sábanas.
El trío de Oro gruñó.
Harry estaba a punto de
preguntar a Ron si le quedaba alguna tarta de melaza, pero se quedó dormido de
inmediato.
Tal vez Harry había comido
demasiado, porque tuvo un sueño muy extraño. Tenía puesto el turbante del
profesor Quirrell, que le hablaba y le decía que debía pasarse a Slytherin de
inmediato, porque ése era su destino. Harry contestó al turbante que no quería
estar en Slytherin y el turbante se volvió cada vez más pesado. Harry intentó
quitárselo, pero le apretaba dolorosamente, y entonces apareció Malfoy, que se
burló de él mientras luchaba para quitarse el turbante. Luego Malfoy se
convirtió en el profesor de nariz ganchuda, Snape, cuya risa se volvía cada vez
más fuerte y fría... Se produjo un estallido de luz verde y Harry se despertó,
temblando y empapado en sudor.
-Tus sueños son raros -Le dijo
Remus.
-He tenido peores -Dijo Harry
serio preocupando a James y Lily.
Se dio la vuelta y se volvió
a dormir. Al día siguiente, cuando se despertó, no recordaba nada de aquel
sueño.
-Muy bien, terminó- Dijo Ginny- ¿Teddy se durmió? -Preguntó
al ver que su novio tenía al niño en brazos y el solo asintió.
-Muy bien ¡Todos a dormir! Mañana seguiremos -Dijo Dumbledore.
-¿Vamos a la Sala de los Menesteres? -Preguntó
Harry y los cinco asintieron.